viernes, 28 de septiembre de 2012

102km Madrid-Segovia 2012

Y tras dos años sin tener nada que me motivara a escribir, aquí estoy de nuevo, sentado frente al ordenador intentando reorganizar mis recuerdos y emociones del pasado sábado 22 de septiembre para poder transmitirlo de la mejor manera posible.

Y como suele ocurrir lo mejor es empezar por el principio.

El año pasado tras correr los 100km. de Corricolari me quedé con la espinita de probar a terminar los 102km de Madrid-Segovia pero arrastré todo el verano una lesión en el glúteo y el psoas que me obligó a posponer el reto al menos hasta el año siguiente. Y tras finalizar en junio otra edición de los 100km. (y ya van seis terminadas) me atreví en un arrebato de locura o inconsciencia, apuntarme a esta carrera de la que sólo me habían llegado buenas referencias. Además, el sabor amargo que me dejó la última de Corricolari me hacía plantearme nuevos retos. Supongo que la crisis pasa factura incluso en la organización de pruebas deportivas pero creo que la falta de recursos (que no es tanta porque te clavan 45€) debería servir para plantearse ciertos cambios que sirvan para mejorar cada año en la CALIDAD de estas carreras. Sinceramente, me importa un pepino que me den una camiseta "güarrera" con el logo de la carrera. Personalmente prefiero que los avituallamientos sean ÚTILES, que sirvan para ayudar a la gente a recuperarse, a mejorar y a superar n reto tan duro. Y creo que a cualquier corredor experimentado que se le pregunte te confirmará que tomar sólo barritas energéticas y agua caldosa durante más de 12 horas no es recomendable. Por eso, cuando al acabar, hablando con la gente en las duchas me comentaron que la MS le daba mil vueltas a la de Corricolari no me lo pensé dos veces y me  apunté dos semanas más tarde.

Durante todo el verano tuve tiempo de arrepentirme de esa decisión pues arrastré durante casi tres meses una tendinitis aquílea muy fuerte que no remitía de ninguna manera. Probé a bajar la intensidad de los entrenamientos, a parar del todo, automedicarme con todo lo que pillaba, pero nada, cada vez me dolía más. Al final descubrí una serie de estiramientos y masajes que parecían funcionar un poco. Lo malo es que sólo quedaban cuatro semanas para la prueba y sinceramente, no estaba preparado para correr ni 30km. Entonces me planteé seriamente abandonar si en una semana no desaparecía el dolor.

Esa semana cayeron unos escasos 75km. (para lo que tendría que estar haciendo) pero milagrosamente el dolor estaba remitiendo. Ya no había tiempo para prepararse bien pero al menos podría plantearme acabar la carrera e intentar disfrutarla sin pensar en tiempos ni marcas. La siguiente semana superé los 80km. y la penúltima volvía superar los 70km. Sólo tres semanas de entrenamiento pero intercalando bastantes series de calidad frente al volumen de kilómetros. Y se acabó, el trabajo estaba hecho y ahora a cruzar los dedos.

Los últimos días fueron de descanso, a mi me viene bien parar los días antes para recuperarme muscularmente y sobre todo mentalmente.

El viernes anterior a la carrera todo eran dudas y miedos. Estaba literalmente "acojonado" y pensaba realmente que había cometido un error al apuntarme. Pero por suerte Eli estaba a mi lado para darme ese empujón de confianza que necesitaba y ayudarme a retomar el camino. Mi único objetivo ERA y ES, DISFRUTAR CADA PASO DE CARRERA. A eso seguro que no me gana nadie.

5:00am. No suena el despertador porque lo apago antes. Me he desvelado y empiezo a prepararme. Un buen desayuno, un gran café con leche, un trozo de tortilla de patata y algo de pasta de anoche seguido de una ducha tonificante. ¿Hay algo mejor?.

Cuando estoy a punto de irme Eli se levanta, me hace una foto y me desea suerte. La voy a necesitar. Cojo mis bártulos y salgo, de noche y entro en el Metro. La gente me mira extrañada. ¿Dónde irá este tío?. Si lo supieran... pienso.

Cogiendo los bártulos y prepar ándome para salir

Llego a Plaza de Castilla charlando con algunos marchadores que prueban por primera vez esta distancia. Nos deseamos suerte y acto seguido dejo las mochilas en cada camión. Es extraño pero de que no se pierda nada depende el éxito o fracaso de esta prueba así que no puedo evitar quedarme con algo de nervios en el estómago. Todavía queda una hora para empezar así que me tumbo a los pies de las Torres Kio (para mi siempre se llamarán así) y cierro los ojos intentando relajarme. Hubo momentos en los que casi me duermo así que parece que funcionó.



 La gente se prepara y la tensión se nota en el ambiente

Esto es lo que veo cuando abro los ojos

 Minutos antes de la salida

 Unos minutos antes de salir nos llaman a todos para darnos la charla técnica que por desgracia no escuché porque el sonido se perdía entre los gritos y las risas nerviosas de la gente.

Veo que alzan la pistola y PUM! salimos con la música a todo trapo.

Vídeo por cortesía de Gloria Fernández González en Youtube.

Salgo tranquilo y a mi ritmo, por sensaciones y sin mirar el reloj. Lo mejor de todo es que los primeros kilómetros me los conozco bien porque suelo entrenar por allí hasta que tomamos la salida a El Pardo.

Vídeo por cortesía de HMBraulio en Youtube.

Los kilómetros van pasando y la temperatura es ideal. Paso al lado de un árbol que me trae muy buenos recuerdos junto a la estación de El Goloso. Quizá sea el culpable de que me encuentre en esta situación. Así llego al km.16, Tres Cantos. Allí nos esperan con naranja cortada, coca-cola, agua e isotónicos. Esto es nuevo para mi, ¡qué alegría!, ¡un avituallamiento útil!. Saludo a algún conocido y sigo adelante sin casi parar. Me tomo un gel e intento disfrutar del camino aunque coincidiendo con los últimos km. de los 100 de Corricolari se me hace difícil.

Y pasito a pasito llego a Colmenar, km.26 donde espero que haya llegado mi mochila. Sello y me la entregan sin problema. Y el avituallamiento es mejor que el anterior. Aquí me pongo morado a sandía y naranja y por supuesto no puedo olvidarme de mis dos vasos de coca-cola. Me trago un sandwich de tortilla de patata que me sabe a gloria y aprovecho para llenar la Camellback con isotónico.

Salgo zumbando y no paro de darle las gracias a los voluntarios y a la gente que anima sin cesar a todo el que llega.

A partir de aquí empiezo a notar el calor. Todo este camino me lo conozco de memoria y hay momentos en los que se me hace pesado pero pronto llego hasta la bajada a Manzanares el Real y me pongo las pilas para llegar entre ovaciones al km.42. ¡Qué maravilla!. Así da gusto correr. Vuelvo a sellar y a comer más fruta. Me quito las piedras y la arena que se me han colado en los calcetines y sigo adelante y lo que es mejor... corriendo. Pero la alegría dura poco y empiezo a notar el peso del calor. Además se me ha olvidado rellenar la camell y voy seco. Por suerte encuentro una fuente a los pies de la Pedriza y bebo cuanto puedo. Me recupero bastante bien y sigo hasta llegar a Mataelpino, km.50 y e encuentro con un ambiente casi de fiesta. La gente sentada en las terrazas de los bares me aplauden y vitorean, la música a todo volúmen... Vamos, que entro bailando por el arco y a sellar de nuevo.

Aquí me lo tomo con calma porque el catering lo merece, bocadillos, sandwich, frutos secos, chocolate, con y sin leche, membrillo, fruta, isotónicos y por supuesto, mi amada coca-cola. Además hay una fuente fresquita en la que rellenar mi mochila. En este punto empieza a verse los efectos de tantos kilómetros de carrera, los primeros vómitos, desfallecimientos..., vamos lo normal. Pero me encuentro tan bien que no me lo pienso, me pongo morado a membrillo y salgo pitando y por supuesto dando gracias a todos los voluntarios y animadores.

Este tramo se me hizo bastante duro sobre todo por el calor y porque es casi entero de subida hasta la Barranca. Por eso aprovecho para caminar por tramos y relajarme y de paso disfruto del paisaje que es increíble. Y pasito a pasito llego al km.58.


La Pedriza es capaz de aliviar cualquier dolor

Los voluntarios son geniales, te animan, te ayudan hasta a sacar el rutómetro de la mochila, no tienen problemas en servirte la coca-cola... Aquí hago el primer y único cambio de calcetines de la carrera. Parece ser que un pliegue me ha causado un inicio de ampolla así que me unto bien de vaselina y pa'alante. En este momento aprovecho para mandar un mensaje a mi prima Arancha y le digo que en una hora estoy en Cercedilla. También es cierto que los mensajes de ánimo que me van llegando durante todo el día son increíblemente motivadores y me cargan las pilas.

La vista del embalse desde la montaña entre terneros y vacas

El calor sin ser demasiado fuerte se hizo duro en algunos momentos

Y tanto me las cargan que llego a Cercedilla km.64,4 en poco más de media hora. Allí me encuentro con mi colega Carlos Velayos con su cámara a cuestas y haciendo un tremendo reportaje fotográfico. Me da mucha alegría cruzar unas palabras con él y hablamos un buen rato mientras recojo la mochila y hago las llamadas de rigor. Entonces aparece mi prima y compartimos unas risas. Aprovecho para ponerme un par de parches hidrocoloides (anti-ampollas) en las plantas para evitar molestias posteriores. Me encuentro genial, parece mentira lo que llevo en el cuerpo, estoy incluso a punto de ponerme a hacer aerobic porque la música invita.

Me despido de Carlos y de Arancha y salgo corriendo de allí. Incluso algún retirado me ofrece por el camino un poco de cerveza y me da la vida. Sigo corriendo hasta el inicio de la subida al alto de la Fuenfría. La gente que anda por allí de excursión nos miran con ojos extraños. Y aquí la cosa se para. Es imposible para mi seguir corriendo en esta subida. Aveces lo intento pero no duro más de 50m. Y es que son 10km. de cuesta arriba con un desnivel positivo de más de 500m. Total, dos horas andando, a buen ritmo, si, pero andando. Alguno me pregunta que cuándo llegamos a la cumbre pero no lo sé. A mi se me hace eterno. Se ve alguna que otra pájara por el camino. Además las moscas están muy pesadas. Todo lo malo se cura con las vistas, sin impresionantes. Me gustaría pararme y quedarme un rato a disfrutar de lo que veo pero si lo hiciera no creo que pudiese moverme más.

Y para muestra... un botón. Desde ahí abajo venía yo.

Y sin darme cuenta llego al km.80, Puerto de la Fuenfría. Como siempre los voluntarios animando y ayudando. También la Guardia Civil que andaba por allí nos indica cómo es el camino que nos queda.
En ese punto hay una complicidad extraña entre todos los corredores. Nos hemos ido cruzando durante todo el camino y ya nos conocemos. Nos animamos y nos damos apoyo. Y esa es la grandeza de las pruebas de ultrafondo, el compañerismo, la falta de competitividad. Sabemos que todos vamos en el mismo barco y tenemos las mismas sensaciones y sentimientos y eso nos mantiene de alguna manera unidos. No les has visto nunca y sin embargo les conoces.

Alguno de los tramos de bajada desde el puerto

Son muchos kilómetros en las piernas y nunca he corrido tanto de seguido así que supongo que me tocará andar hasta la meta pero sorprendentemente no es así. Hecho a correr y rápidamente se pasan los calambres y me siento volar. Creo que voy de nuevo a 5'/km. y cuesta abajo así que me dejo llevar por las sensaciones y no me paro. Salvo algunos repechos de cuesta arriba sigo corriendo hasta el km.91, la Cruz de la Gallega. Ya es de noche y saco el frontal y la luz trasera. Vuelta a sellar y a beber. Me dan la coca-cola hasta con hielo. Y me zampo dos magdalenas que me asientan el estómago.

Nos dicen que sólo quedan 11km. para llegar y eso desmoraliza a la mayoría, a mi no, no queda nada y me siento bien, todavía. A partir de ahí la gente intenta ir con cuidado pues no se ve nada y el terreno es pedregoso. Pero yo veo la posibilidad de llegar antes de las 22:30h. de la noche y echo a correr. Tengo que admitir que fue una locura pues el riesgo de caerme o torcerme un tobillo era enorme pero no lo podía evitar. Mi cuerpo me pedía marcha y marcha le iba a dar.

Voy corriendo cuando recibo una llamada de Eli y me dice que si cuando llegue quiero una hamburguesa... ¿?
–¿cómo?– le respondo.
– Que si quieres una hamburguesa te la compramos– me vuelve a decir. – ¡Que estamos aquí!–
–¿Cómo que aquí?–
–Aquí, en el acueducto, hemos venido a esperarte, nos ha traído Fernando–

¡Menudo subidón!. Pues eso, que les llame cuando esté llegando.

Las luces de la ciudad cada vez están más cerca. Nos cruzamos con algún voluntario de la organización que nos anima y nos indica que sólo quedan 3km. Ahora sólo queda echar el resto. Entro en la ciudad y hago un par de llamadas, a mi madre que está flipando junto con mi hermano y mi cuñada. Me dan muchos ánimos y sigo adelante. La segunda llamada a Eli que se sorprende porque no pensaba que fuera a llegar tan pronto pero es que ahora no puedo parar.

A partir de aquí creo que fui volando. La gente no paraba de animar, las viejecitas de los bancos, los niños, las personas que salen y entran en sus casas, hasta desde los balcones oigo clamores y aplausos. Todo el mundo que te encuentras a tu paso te aplaude, te anima y te da la enhorabuena. A algunos los llevo viendo toda la carrera, son familiares que esperan a sus hijos o maridos pero la mayoría son de allí, volcados completamente con nosotros. Uno de ellos me comenta que sólo quedan 200m., cien de subida y cien de bajada. No puedo parar y sin embargo estoy cansadísimo. Voy como una moto y no es para menos. La calle se estrecha y cada vez hay más gente. Comienzo la bajada y por fin veo el acueducto. Al fondo mi mujer junto a mi hijo, sobrinos y cuñados, todos con globos, me están esperando. Cojo a Hugo y a Adrián de la mano y sigo hasta la meta. No me lo creo y pego un grito al cruzar el arco que me sale de dentro, desde las 8:30am. hasta las 22:28pm., entre caminos y montañas, entre polvo y sudor, con dolores y calambres... pero MUY satisfactorio.

En ese momento te vienen a la mente muchas imágenes y recuerdos. Todos los días de verano en los que se hacía durísimo salir, los dolores del aquiles, los miedos, lo increíblemente duro que se me hizo salir los últimos días cuando tocaban tiradas largas... Al final TODO mereció la pena. Y todos esos sentimientos tenían que salir de algún modo así que rompí a llorar en cuanto me acerqué a Eli. Ella sabe lo que me costó llegar allí. La carrera no empezó ese día sino en el momento en el que me apunté.

Se que es difícil hacer entender a la gente lo que me puede mover a correr estas "cosas". Lo he intentado de muchas formas y no consigo transmitir la grandeza espiritual que me aporta. Empezando por la pérdida del ego y siguiendo por el desarrollo de valores como el esfuerzo y la superación personal. Al final la distancia es lo de menos. Habrá quien lo experimente con 10km. y hay quien no lo consiga con 100. Creo que se puede resumir en que es una experiencia casi mística, de bajada a los infiernos y renacimiento e increíblemente satisfactoria. Con eso me quedo.

Y la emocionante llegada

miércoles, 15 de junio de 2011

100km... como pude.

Acompañado por Nacho y Víctor antes de salir

Saliendo del estadio

El título lo resume todo. Así transcurrió la última jornada de los 100km. en 24 horas de Corricolari el pasado 11-12 de junio. Puede sonar un poco repetitivo pero cada año prometo no volver nunca a presentarme a estas cosas y al final siempre caigo, en fin, supongo que es lo normal. Lo hablaba con uno de los que acabaron la prueba conmigo.
Este año tenía una cuenta pendiente pues el pinchazo del maratón me cargó con la rabia suficiente como para volcarme con esta carrera. En el último mes hice bastantes tiradas largas no menores de 30km. a un ritmo bastante fresco (5'-5'30''/km) y doy por hecho que el entrenamiento del Mapoma me sirvió de algo. Pero mi problema siempre es el mismo, no estoy acostumbrado al calor ni a correr en horas tempranas así que mi cuerpo se esfuerza más y al final acabo pagándolo. Así que sé por experiencia que debo controlar bastante al inicio para poder aguantar a que mis bioritmos se pongan a pleno rendimiento. Y esa era mi única estrategia, CONTROLAR.

Este año mi hermano Jesús optó por no presentarse (creo que hizo bien) aunque sí lo hizo mi otro hermano Óscar y mi cuñada Mónica acompañando a una amiga que se quedó con la miel en los labios hace un par de años. También había nuevas incorporaciones, Víctor y Nacho, un par de amigos que se presentaban al reto con mucha ilusión y deseando encontrar esa línea que marca su propio límite.

En esta edición estrenábamos salida, el nuevo polideportivo J. A. Samaranch de Colmenar Viejo, unas instalaciones impresionantes que ayudaron bastante a la organización a la hora de repartir los dorsales, bolsas y regalos a los corredores.
Llegué con tiempo de sobra para preparar todo lo necesario. En una prueba tan larga cualquier pequeño descuido se paga con creces y no quería arriesgarme. Vaselina, crema solar, organización del equipo que irá a los diferentes polideportivos... Todo listo.
Poco después me encontré con Víctor y Nacho, al que le acompañaban su mujer y su hija. Me hace gracia notar en la gente las mismas sensaciones que tenía yo la primera vez, entre nervios, miedo, ilusión... Todos pasamos por lo mismo y nos sigue pasando.

Nos dirigimos a la salida con esa especie de nudo en la boca del estomago, con ganas de que empiece y también de todo lo contrario. Cuenta atrás y ¡pum!, salen los primeros corredores, esos a los que uno mira con admiración y lejanía que seguramente terminarán antes de que se ponga el sol. Yo me despido de Víctor y Nacho y empiezo a correr, tranquilo, sin dejarme llevar por el nervio que me caracteriza.

Los primeros kilómetros se hacen duros, son cuesta arriba, estoy frío y pesado y me duelen todas las lesiones que parecía ocultas. Empiezo a pensar que no voy a terminar. Me molesta un tobillo, un glúteo, la espalda... Pero poco a poco voy cogiendo un ritmo constante y me empiezo a sentir bien. El tiempo es perfecto, creo que nunca nos ha hecho tan bueno en esta prueba. En los puestos de avituallamiento dan plátanos y se agradece (siempre y cuando no te toque uno verde, puaj). En el kilómetro 12 hago una parada para sacarme la arena de las zapatillas que está empezando a resultarme bastante molesta. Llego a Manzanares el Real y me siento fuerte pero como dije antes, prefiero frenarme y caminar en las cuestas arriba.


Al pasar por el km. 20 casi ni paro, empieza una larga bajada (que antes fue subida) y me dejo llevar. Me cruzo con la gente que va caminando y sus ánimos parece como si me dieran alas. Un poco más adelante veo a Víctor y a Nacho, van muy bien así que me despido y sigo. Pero un minuto más tarde me cruzo con mi hermano Óscar, mi cuñada y su amiga que también me dan ánimos. Es increíble lo bien que sienta que te aplaudan al pasar o que te digan "vamos, qué bien".

A partir de ahí empiezo a plantearme la carrera de otra forma, caminaré 500m. y correré otros 500, siempre y cuando no se trate de subidas. El tramo de vías lo hago entero corriendo porque es llano y justo después viene una gran subida entre rocas y tierra que seguro tendré que hacer caminando. Me cruzo con gente que va vomitando, el calor empieza a subir, son las 15:20 y llevamos 30km. Los últimos kilómetros antes de llegar a la primera parada se me hacen bastante largos y me pesan las piernas.

Tras la ducha dudo si comerme una ensalada

Llego al kilómetro 35,5 en 4 horas justas. Una vez allí, decido tomar una ducha que me sienta de maravilla e intento comer algo. Me resulta imposible meterme nada sólido. Así que me trago un helado y me llevo una coca para el camino. En ese momento me di cuenta de que el estómago me iba a jugar una mala pasada. Lo poco que había tragado me sentó como un tiro y caminé durante una media hora hasta volver a tener fuerzas para correr. A partir de ese momento un poco de lo mismo, correr y caminar en las subidas.

Mientras iban pasando los minutos volví a recuperarme e incluso me sentí por momentos como si acabara de empezar, con ritmos de 5´/km y encontrándome perfecto. Este tramo es precioso y se disfruta el paisaje.

Más o menos sobre el km. 45 comienza una subida tremenda de varios kilómetros que es imposible hacerla corriendo así que aprovecho para entablar amistad con un vecino que siempre que encuentro en esta prueba y que lleva el mismo ritmo que yo. Y sin comerlo ni beberlo me planto en el km. 52 y sigo corriendo. No me lo creo. He perdido un poco de tiempo por las molestias del estómago pero son las 19:00 y voy muy bien aunque tengo los cuádriceps bastante cargados. En ese momento me llama Víctor, ha tenido un problema de glucosa y ha estado vomitando lo que le ha hecho perder más de una hora y se está planteando abandonar en Colmenar. Le intenté persuadir y convencer de que no lo hiciera pero cada uno sabe dónde está su límite y su diabetes le había dado un buen susto. Aprovecho desde aquí para decirte que no dejes que te venza esa enfermedad, tú puedes con lo que te propongas y ya que tienes el gusanillo del reto dentro no lo dejes escapar, dale caña, que el cuerpo es capaz de aguantar hasta unos límites que ni nos imaginamos. Lo mejor que tenéis tú y Nacho es la ilusión con la que os enfrentásteis a la prueba. No la perdáis.

Lo bueno de ir corriendo es que al llegar a los polideportivos casi no hay nadie y los fisios están libres. Así que paso del tiempo y aprovecho para darme un masaje que me viene de maravilla. Tengo que investigar más sobre la anti-terapia. Era un poco raro, como una mezcla de estiramientos y shiatsu. Es realmente genial y de aplaudir que esos tipos se presten voluntarios para estar todo el día dando masajes a la gente, increíble.

Antes de salir me pienso si comer o no y decido no hacerlo, si acaso ya me tragaré alguna barrita energética por el camino. Decidí bien. Salí de allí corriendo y en el km. 60 todavía seguía haciéndolo. Los mensajes que recibía en el teléfono me cargaban las pilas y me sentía de nuevo lleno y fuerte. Le dije a mi mujer que no me dejara entrar en casa sin la insignia dorada que dan al terminar y su apoyo fue total. En estos momentos todos los ánimos eran gasolina para mi cabeza y mi cuerpo, gracias a todos.

Pero fue comerme una barrita de chocolate y ¡paf!, de nuevo el bajonazo.
Si a esto le sumamos que sobre el km. 67 me salté una de las señales y me perdí durante más o menos 20' podéis pensar que no estaba de muy buen humor.

Llegando al km. 74, en San Sebastián de los Reyes y tras una larguísima subida decido no correr más. Tengo las piernas como columnas y me encuentro cansado y hambriento. Son las 23:00h. Llevo 11 horas de carrera y el cuerpo va como puede. Allí me como una ensalada de pasta y unas almendras. Tal y como me pasó anteriormente me cayó fatal. Creo que ese fue el peor momento del día. La sensación de malestar general, de dolor muscular, de cansancio... Los siguientes 13km. fueron horribles, eternos, a duras penas podía caminar ligero.

Tenía tantas ganas de terminar que al llegar al último control, km. 89, en Tres Cantos, ni siquiera paré, sellé el rutómetro y de nuevo en marcha. En este punto, cada piedrecita del camino, cada defecto del terreno, cada subida o bajada la sientes como fuego. Y además en este tramo toca cruzar varios ríos haciendo equilibrio sobre unas piedras a modo de paso que te tocan bastante la moral. De hecho en tres de ellos caí al agua y si ya era duro caminar con los pies secos no os quiero decir lo que molesta con el pie empapado.

Pero los minutos pasaban y las luces de las farolas aparecían a lo lejos, cada vez estaban más cerca y eso me dio las fuerzas que necesitaba para correr un poco más, y coger un ritmo que me sorprendía a mi mismo.


Llegando a la meta... por fin


El final, como siempre, emocionante, el Aleluya sonando, la vuelta al estadio y cruzar la meta es difícil de explicar. Sólo el que ha conseguido superar los límites de su propia resistencia sabe a lo que me refiero. Por eso repetimos cada año, como si fuera una droga, como un cebo del que no queremos soltarnos. Me resulta difícil convencer a nadie de hacer locuras así, porque son locuras, es someter al cuerpo a un esfuerzo brutal y duele MUCHO. Pero, ¿qué tendrá que nos lleva a superarnos cada año?.

He terminado otra edición de los 100km. en 16 horas y 28 minutos, sin prisa pero sin pausa, como debe ser. ¿Lo intentaremos de nuevo? o ¿buscaremos nuevos retos?. De lo único que estoy seguro es de que no voy a parar de intentar cruzar los límites. De eso estoy seguro.

lunes, 18 de abril de 2011

DNF

O en su traducción al español "did not finish" (no terminó). Me faltaba esa etiqueta y ya la tengo. Ayer no pudo ser. Parecía que todo indicaba que iba a ser un día de gloria y triunfo. Pues no. Y es que el destino tiene esas cosas y cuando no te quiere en sus filas pues te quedas fuera.
Toda la mañana transcurrió con normalidad y mi concentración era buena. La verdad es que tenía la seguridad de haber entrenado bien y eso me daba bastante tranquilidad.
Pistoletazo de salida y ¡a correr!. Todo marchaba bien, los primeros kilómetros transcurrieron con normalidad, si acaso un poco incómodos por la gente que no acaba de entender el tema de los tiempos. ¡Cómo puede ser que la gente más lenta se coloque casi al lado de los africanos...! en fin. Así que tocaba hacer zigzag, como siempre, hasta el kilómetro 6 más o menos. A partir de ahí cogí un buen ritmo constante y a disfrutar. Pasé por el km. 10 en 48' y eso era una buena señal porque llevaba el ritmo correcto. Pero, a partir de ahí, empecé a sentirme raro, quizá especialmente cansado, como si en vez de 10km. llevara 15. Pensé que era algo momentáneo y seguí a ritmo.
Km. 18 y Puerta del Sol en 1h22', allí estaba mi madre para darme unos geles. Los había probado en los entrenamientos y me habían funcionado bastante bien así que esperaba que al tomarme uno la cosa mejorara y empezara a sentirme mejor. Pues va a ser que no.
La sensación de cansancio general cada vez era mayor y traté de bajar un poco el ritmo y esperar a que ocurriera algún milagro. No era normal estar tan fatigado a estas alturas. Sentía que podía mantener el ritmo pero a un precio muy elevado.
Pasé la media en 1h38' y a partir de ahí una larga cuesta abajo. Reduje mucho el ritmo en ese tramo esperando recuperar al final un poco de fuerzas ya que si no la Avenida de Valladolid se hace muy larga. Incluso se me pasó por la cabeza abandonar en el km.22 porque ya intuía que algo no iba bien. Pero la cabeza se puso a funcionar a tope y tiró de mí durante toda la casa de campo. Concentración y motivación por conseguirlo, eso fue lo que tiró de mí los 10km. siguientes. Al finalizar el recorrido por la Casa de Campo hay una cuesta bastante pronunciada que ya conoceréis los que hayáis corrido el Mapoma, pues bien, ese tramo acabó conmigo. Fue justo después cuando pensé seriamente abandonar. Mi cuerpo había sufrido más de la cuenta y en vez de 34km. parecía que llevaba 50. Y se me plantearon dos opciones, puedo seguir y andar y correr independientemente del tiempo o puedo dejarlo, porque me presenté a esta carrera con un objetivo claro, que era bajar de 3h30' y creo que no iba a a ser posible estando en ese estado. Y ganó la segunda. Mi motivación no estaba en acabar el maratón sino en hacer marca y eso se estaba esfumando. ¿Podría haberlo acabado? si, seguro, pero ¿a qué precio?. No creo que merezca la pena lesionarme o peor aún, desmayarme, por algo que ha perdido su sentido. Como dije anteriormente mi maratón había consistido en cuatro meses y medio de duro entrenamiento y ese lo corrí con ganas. Carreras hay muchas y tiempo también. Esto lo único que hace es motivarme aún más para la siguiente. No sentí tristeza ni frustración, quizá no sepa el por qué ni cuerpo no respondió ayer ni lo sepa nunca, hay mil cosas que pudieron fallar. El hecho es que soy un DNF, bueno, a medias, porque acabar acabé, jejeje.
Como tenía que recoger la bolsa de guardaropa y Eli y Hugo me estaban esperando en la meta quedé con ellos allí y me incorporé a la carrera justo en la entrada al Retiro junto con Hugo. Así pudimos correr juntos esos 350m. y disfrutar como nunca de ese final. Mi hijo estaba encantado y no se paró para nada. Los aplausos de la gente los hacía suyos y eso le hacía correr más rápido. Cruzamos la meta dando saltos de alegría y por supuesto la medalla se la colgué a él, ese si que es un campeón. Estaba feliz y yo con él porque sé que hice lo correcto.
Y ahora, ¿qué?. Pues supongo que estos días me plantearé nuevos retos e intentaré recuperarme lo antes posible. Vienen los 100km., ¿y si?...

martes, 12 de abril de 2011

Un año más, un año menos...


Como dice la canción de Vetusta Morla. Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Todavía recuerdo la decepción del año pasado tras el pinchazo sublime del maratón y lo mal que me sentó aquello. Yo siempre he creído que las cosas, buenas o malas, ocurren por alguna razón y casi siempre se puede sacar algo bueno de todo. El mazazo del año pasado me llevó a replantearme seriamente mi manera de correr, basada en el impulso y la pasión, caótica y desordenada. Y una cosa estaba clara, entrenando de esa manera había tocado techo, no podría avanzar mucho más, y lo peor de todo es que probablemente acabaría con una lesión grave. Así que creo que tomé la decisión correcta, apreté el freno y me forcé a parar durante todo un mes en el que intenté no hacer otra cosa que investigar, estudiar y aprender de los que realmente saben de esto.
De todas maneras yo sé que nado contracorriente, soy un tipo grande y pesado, mover toda esta maquinaria requiere unos músculos muy potentes que desgraciadamente no tengo. El destino no me ha recompensado con un cuerpo delgado y ligero pero me ha hecho muy cabezón, en eso soy de los mejores. Por eso tuve claro desde el principio que lo principal, y no es que yo lo diga, es asentar bien la base, crear unos cimientos sólidos sobre los que construir sin problemas, empezar de cero.
Y eso hice, recopilé una buena tabla de ejercicios específicos para mejorar la carrera, me compré una buena esterilla y unas gomas y me puse manos a la obra. Y puedo asegurar que muchos de los músculos estaban totalmente dormidos porque recordé lo que son las agujetas en los abdominales, brazos y hombros. La tabla es tremenda, de hecho todavía no he podido terminarla entera en una sesión.
A todo esto le sumé otra tabla de ejercicios de técnica de carrera, que en un principio me parecieron un poco absurdos pero a los que tengo que definir como esenciales para los corredores. Es verdad que puede que te miren como a un "tolili" andando de esa manera tras acabar el entrenamiento pero el que ríe el último ríe mejor y son realmente milagrosos.
Y después vino lo peor, la férrea disciplina del plan de entrenamiento. Para mi esto ha sido lo más duro. Encontré uno de Rodrigo Gavela (récord de España en el 93 con 2h10'27'') que se adaptaba perfectamente a mi ritmo de vida y que me mantendría a raya durante 20 semanas. Todo esto para bajar de 3h30' en un maratón. ¿Es una locura?, si, sin ninguna duda, pero bendita locura.
Así que me lancé a ciegas y sin red, haciendo caso a los tiempos y ritmos que me marcaba el plan. Al principio lo miraba y decía: "esto es imposible, no creo que llegue al segundo mes". Pero el segundo mes llegaba y me repetía: " lo bueno viene el mes que viene, ahí sí que reviento". Pero nada de eso pasaba. Es cierto que muchos de los entrenamientos son realmente duros y uno acaba exhausto y sin poder dar un solo paso. Pero el cuerpo y la mente tienen una capacidad increíble de adaptación y no miento cuando digo que tras semanas durísimas venían siempre buenas sensaciones.
Así que pasaron las cuestas, los circuitos oberón, y los ritmos lentos y entré de lleno en las series. Supongo que como todo el mundo siempre le he tenido un poco de miedo a esta parte pero todos estamos de acuerdo en que si quieres correr rápido no hay otra forma de hacerlo que entrenando bien las series.
Y si a alguien se le ocurre preguntarme si es duro... SI, ES MUY DURO. Es un entrenamiento que siempre te pide el cien por cien, de otra manera no sirve. Así que antes de salir sabes que acabarás con la lengua fuera.
Pero poco a poco fueron llegando las competiciones y también los resultados. En estos cuatro meses he conseguido bajar mi marca de 10k en más de 1' (40'41'' dentro de una carrera de 21k.) y la de media maratón en más de 5'. La última fue la Media Maratón de Ciudad Universitaria en la que dejé el crono en 1h28'47'' y aún no me lo creo. Así que puedo afirmar sin ningún género de dudas que el plan ha funcionado.
Es verdad, aún no he corrido el maratón, no sé si podré bajar de 3h30' pero me da igual. En estos cuatro meses he perdido casi 5 kilos, he recorrido más de 1.000km. y he superado con creces los ritmos y las espectativas que marcaba el plan, sólo he faltado a 3 entrenamientos (uno por enfermedad mía y los otros por la de mi hijo) y los he recuperado haciendo el doble de lo que se me pedía a la semana siguiente, el kilometraje semanal ha oscilado entre los 50 y los 76km. con ritmos medios de 5' a 4'30'', he corrido series a 3'40''/km...
Con todo esto estoy convencido de que ya he ganado. No importa lo que pase el domingo, yo ya he corrido mi maratón, el más duro de mi vida, y lo he superado, HE VENCIDO.
El que haya corrido un maratón sabe que para que la carrera te salga bien TODO debe salir bien y que para que te salga mal basta con que ALGO vaya regular. Pues bien, no pienso amargarme pensando en lo que puede fallar ese día, estoy en la mejor forma de mi vida y lo voy a aprovechar, mi sudor me ha costado. Somos lo que somos porque nos lo hemos ganado. Ahora pienso en todas las tardes que me sentaba en la entrada de mi casa, mientras me ponía las zapatillas. Afuera podía estar lloviendo, o bajo cero, o soplar un viento huracanado, NUNCA he dejado que eso me venciera aunque muchas han sido las veces que he sentido el deseo de tirar la toalla, de quedarme en casa, de bajar el ritmo. A veces Eli me decía: "¿pero porque no te quedas y sales mañana?, ¿tú has visto la que está cayendo?", y yo le contestaba: "porque no puedo".
El otro día, hablando con las madres de los compañeros de Hugo me preguntaban sobre lo de correr y les decía: "yo creo que si no me hubiese puesto a correr hubiera acabado en un psiquiátrico". Ahora pienso que podía haber acabado peor, tan muerto como toda esa gente que me cruzo todos los días por la calle. Y es que nunca me he sentido tan vivo ni tan libre como me siento al correr. La vida se ve de otra manera después de ese chute de endorfinas. Es extraño y aunque intento convencer a la gente de que lo pruebe también he aprendido que esa decisión es personal. Nadie te puede obligar, te sale o no te sale. A mí me salió hace tiempo, casi cinco años y es una de las cosas más maravillosas que me podía pasar. Soy un corredor, no hago footing, SOY CORREDOR, estoy orgulloso de serlo y espero no dejar de serlo nunca.
Ahora que sólo me quedan unos días para el maratón empieza la fase de auto-convencimiento, es decir, empezar con las visualizaciones, repetirte día y noche que tú puedes, que lo vas a conseguir. Esta parte es importante, la cabeza consigue llegar donde el cuerpo no puede. Y por eso hoy me viene a la mente esta canción que parece estar hecha para la ocasión. Espero que la disfrutéis, yo ya lo hago.


PD. Muchas gracias a todos los que habéis seguido mis entrenamientos por facebook, a los que me habéis dado apoyo, a los que creéis en mi más que yo ;·)... Eso me ha ayudado a superarme cada día. Si el domingo sale bien la cosa es también gracias a vosotros.

Y por supuesto todas las gracias del mundo a Eli y a Hugo que han tenido que soportar conmigo este ritmo tan duro. No se puede querer más de lo que yo os quiero.

jueves, 17 de febrero de 2011

XXVII Media Maratón de Fuencarral-El Pardo


El momento de la salida.

Hace casi cuatro meses que no participaba en ninguna carrera popular y más de dos que estoy sumergido en la disciplina y el sufrimiento de un plan de entrenamiento para preparar el maratón de Madrid. No sé explicar muy bien lo que me está resultando más duro, si los kilómetros semanales y las cuestas y series que te dejan el cuerpo dolorido o la férrea disciplina que supone seguir un plan como este. De lo único que estoy seguro es de que la cosa funciona. En los años que llevo corriendo de manera caótica y desordenada no había mejorado tanto como en estos dos meses.
Hace dos semanas, en uno de los entrenamientos que debía hacer a ritmo de competición, conseguí batir mi marca personal de 10.000 en casi un minuto, y eso que el entrenamiento era de 14k. Pero tengo que admitir que bajar de 1h30' en la media maratón me daba bastante más miedo que un 10k.
Conseguí hacer coincidir una de las salidas marcadas como "competición en media maratón" con la XXVII Media Maratón de Fuencarral - El Pardo, de la que había oído hablar pero nunca me dio por apuntarme.
El día de la carrera amaneció gris y frío y para colmo no había podido casi dormir la noche anterior. Tenía algunas molestias estomacales pero no les di mucha importancia. Una vez en el polideportivo me di cuenta de que aquella no era una carrera para aficionados, la gente parecía tener buen nivel y eso me asustó aún más. El perfil de la prueba tenía algunas subidas realmente duras como comprobaría minutos más tarde y puede que no sea la mejor carrera para hacer tiempo pero en mi cabeza estaba esa hora y treinta minutos como tiempo máximo y a cabezón no me gana nadie. Así que mi concentración era máxima y tenía claro que al menos iba a hacer todo lo que pudiese para conseguirlo.
La salida fue puntual y tras atravesar algunos tramos con calles estrechas en las que la aglomeración de la gente no te deja coger el ritmo adecuado y vas corriendo con acelerones y frenadas la carrera se normalizó y se formaron pequeños grupos que coincidían en el ritmo.
Fue mi primera experiencia de ese tipo. Nos juntamos un grupo de unos ocho corredores que de una manera casi automática nos íbamos dando relevos mientras pasaban los kilómetros.
Los dos primeros salieron un poco lentos debido a las aglomeraciones (4'20'') pero a partir de ahí y a lo favorable del perfil en esta parte de la carrera fueron cayendo poco a poco a ritmos más rápidos (3'50'').
Pero todo no podía ser color de rosa así que al paso por el kilómetro ocho empecé a sufrir lo que yo llamo "cagalera de carrera", o lo que es lo mismo, unos retortijones lo suficientemente fuertes como para hacerme plantear dejar de correr e irme a mi casa. Pero por otro lado pensaba que estaba llevando un ritmo genial, que me había enganchado a un grupo que lo llevaba constante y que no me apetecía tirar por tierra todo lo que había trabajado hasta entonces. Así que decidí seguir hasta que el cuerpo dijera basta. Yo no soy Rafa Iglesias y no estoy dispuesto a "cagarme" encima por una marca y miraba constantemente los prados del El Pardo que se abrían ante mi y pensaba cuál sería el mejor sitio para "obrar" sin llamar mucho la atención. Poco a poco llegó el kilómetro diez y mi sorpresa es que con todo eso pasaba en 40'40'', ¡a ritmo de 4'04''!. No me podía parar ahora y eso que al pasar al lado de una gasolinera lo tenía como se dice "a huevo". Mientras el cuerpo aguante... que aguante.
Llegamos al kilómetro 12 y al girar una tapia no pude sino exclamar (literalmente) ¡joder!. Menudo cuestón, unos tres kilómetros y medio colina arriba y yo cagándome. Ahí fue donde el grupo empezó a separarse. Yo intenté seguir el ritmo pero casi llegando arriba tuve que caminar un rato porque las piernas no me daban para más. Suerte que fue arriba porque la caminata duró poco más de 30'' y a partir de ahí pude recomponerme en otro descenso.
Ya no sabía ni qué ritmo llevaba ni si iba demasiado lento o rápido, sólo pensaba en llegar.
Pero el paso por el 18 me dio esperanzas, 1h17', si me mantenía así lo podía conseguir. Pero de nuevo, otro mazazo, los tres últimos kilómetros eran cuesta arriba. En ese momento ya no miré ni tiempos ni nada, iba al ritmo que mis piernas y mi corazón me permitían ir y además concentrado en apretar el culo por si acaso. Ya me daba igual la marca y me daba igual todo, sólo quería llegar. Recuerdo con especial dureza el último repecho antes de la llegada al estadio.
Una vez dentro había que dar casi un vuelta a la pista y en ese momento miré el reloj del arco de llegada, marcaba 1h30' exactos pero yo había salido con un poco de retraso con respecto al pistoletazo así que podía ser. Crucé la meta y paré el reloj... 1h29'47'', ¡¡¡toma ya!!!. No me lo podía creer, en esas condiciones y con el perfil tan duro había conseguido mi mejor marca sobre una media maratón homologada. Casi no me tenía en pie, las piernas me temblaban pero me recompuse rápido.
Lo siguiente, como siempre la celebración al llegar a casa y por supuesto la visita al baño continua durante todo el día puesto que lo que parecía una simple cagalera era más bien una gripe instestinal que me ha acompañado con fiebre y dolores durante más de tres días.
En definitiva una buena experiencia y además un aliciente para seguir con el plan que como se puede ver va dando sus frutos.



Un par de momentos de la llegada a casa.

lunes, 15 de noviembre de 2010

XXXIV Media Maratón de Moratalaz

Km. 16. Recuperando el buen ritmo.

Hacía ya algún tiempo que no pasaba por aquí pero es que llevo mucho tiempo sin tener nada que decir respecto a mis progresos como corredor popular. De hecho lo de corredor podía entrecomillarlo porque entre lesiones y comeduras de cabeza he estado más tiempo parado que trotando. La maldita tendinitis del aquiles me tuvo parado todo el mes de julio y he de reconocer que al principio lo pasé mal. Me sentí como un "yonqui", encerrado, alterado y de mal humor. La segunda semana todos esos síntomas fueron desapareciendo y al final me llegué a acostumbrar a quedarme en casa, tranquilo, disfrutando de no hacer nada. Tanto es así que la vuelta me resultó dura, durísima. ¿Cómo se puede perder tanto la forma en un mes?. Fue como empezar de cero, trotando a ritmos lentos, muy lentos, y aún así llegaba a casa reventado.

Y teniendo en cuenta que tenía que empezar desde el principio me plantee hacerlo bien. Estuve varios días investigando, aprendiendo y redactando un plan de entrenamiento como Dios manda, hecho más con la cabeza que con el corazón, en el que priman los ejercicios de fortalecimiento, técnica de carrera, ejercicios de carrera y un buen plan de cuatro meses de duración con sus series, cuestas y tiradas largas (pero no tan largas como las que solía hacer).
Todavía me encuentro en la parte de fortalecimiento muscular y aumento de mi capacidad aeróbica pero ya empiezo a recuperar las buenas sensaciones, tanto en las series como en las tiradas largas.

Y para probar sobre el terreno mi estado de forma nada mejor que una buena media maratón y la de Moratalaz me venía al pelo. Ya la conocía de años antes y me pareció una buena idea hacer un entrenamiento controlando el ritmo sobre una distancia como esa.

Pero como nunca sale todo a pedir de boca, justo la noche anterior empecé a notar un fuerte dolor en la ingle, como si hubiese hecho un sobreesfuerzo del que no me di cuenta. El dolor me impedía casi andar así que lo de correr ni me lo planteaba. De todas formas probé con ibuprofeno, traumeel y masajes y cuanto más calentaba parecía que el dolor desaparecía. Todo fuera que a los dos kilómetros tuviese que parar pero tampoco me preocupaba en exceso.

El día amaneció lluvioso y húmedo pero la temperatura era perfecta. La carrera salió puntual y poco a poco, mientras avanzaba entre la gente, los dolores daban paso a las buenas sensaciones y pude disfrutar de la mayor parte de la carrera sin problemas.

Pasé por el km. 10 en 44 minutos sin hacer grandes esfuerzos y eso que este recorrido tiene algunos desniveles que hacen daño. A aprtir del km. 12 tuve un pequeño bajón pero intenté controlar y mantener el ritmo esperando que pasara. Y así fue. Me enganché con un buen grupo de corredores que llevaban un ritmo muy similar al mío y eso me ayudó bastante a no acelerar en ciertos momentos.

En el paso por el km. 17 me encontraba como nuevo y pude apretar un poco más hasta la meta. Crucé en 1h32'38'' en muy buenas condiciones y con la sensación de haber podido correr mucho más rápido. Así que por un lado me quito la espinita que llevaba clavada desde hace mucho tiempo y por otro me encuentro con fuerzas renovadas para enfrentarme al maratón y conseguir esas 3h30' que tanto tiempo llevo persiguiendo.



Otras instantáneas del km. 16.

Km. 12. Tras el bajón.
La postura rara se debe al choque de manos con mi hijo y mi sobrino.

Km. 19. y a tope.

lunes, 21 de junio de 2010

Y ciento más

Tres fueron tres...

Como cada año... empezaría diciendo el Rey en su discurso navideño. Pues eso, como cada año rellené la inscripción a la ya mítica prueba de Corricolari de los 100km. en 24h. Y tengo que admitir que todo eran dudas ante cómo afrontar el reto, no sabía si iría solo o acompañado, si correr o andar y si mis piernas aguantarían un poco más de esfuerzo este año. Y es que no hay nada mejor que dejar que el tiempo ponga las cosas en su sitio. Al final mis dos hermanos se apuntaron y me dejaron claro desde un principio "que de correr nada". Así que dicho y hecho, este año lo intentaríamos acabar andando, que tampoco es "moco de pavo".

Unos días antes de la prueba me enteré a través de la web de Strands de que Fabian Roncero iba también a participar y gracias a ello tuve la oportunidad de conocerle en persona y además de felicitarle por el libro. Me pareció una persona muy agradable y de paso me quité la espinita de estrechar la mano de uno de los grandes mitos del atletismo.

Mis hermanos con paso decidido y dispuestos a acabar.

El día era perfecto, una temperatura y una brisa muy agradables invitaban a correr. Por suerte mis hermanos se encargaban de atarme bien la correa. Y es que en toda esta historia cada uno tiene su papel. Yo soy como una bomba a punto de explotar, en cuanto salta la chispa ya no hay quien me pare y acabo siendo como el perro que tira del amo y lo lleva a rastras. Mi hermano Jesús se encarga de aportar calma y tranquilidad (a veces demasiada!) lo que ayuda a disfrutar más de la prueba y vivirla desde otra perspectiva. Y por otro lado mi hermano Óscar nos protege a todos y acaba dándonos esa inyección de equilibrio que se necesita durante tantas horas de caminata. Así que formamos un engranaje perfecto. Ya lo dije en otra ocasión, juntos podemos con todo.

Los primeros kilómetros transcurren con normalidad.

La marcha transcurría con normalidad y los kilómetros y las horas pasaban sin ningún incidente especial. Yo intentaba correr, mis hermanos me decían que no... vamos, lo normal. Así que completamos la primera etapa sin más problemas que algunas molestias en los pies. Yo tenía una pequeña ampolla debido a la mala elección del calzado y mi hermano Óscar empezaba a sufrir las consecuencias de tener unos pies muy raros. Y es que da igual lo que haga porque siempre le salen ampollas. No importa las zapatillas que lleve o los parches que se ponga o lo que se eche en los pies, siempre acaban mal. Pero él siempre se lo toma con una sonrisa. La capacidad de sufrimiento de mi hermano es digna de estudio.

En esta parte de la travesía todo el mundo va contento.

En cuanto Jesús estuvo listo (¡!) salimos de nuevo hacia Tres Cantos. El camino es precioso y más si lo acompañas con los atardeceres de Madrid y una temperatura que invita más a tumbarte que a caminar. Y sin darnos cuenta llegamos a punto de caer la noche al kilómetro 52. Y como lo prometido es deuda no podíamos saltarnos esa cerveza y ese pincho de tortilla del que habíamos hablado los días anteriores. Así que ni cortos ni perezosos nos sentamos en una terraza literalmente cubiertos de polvo y sudor y dimos buena cuenta de tan suculentos manjares. Lo mejor de todo es que la terraza estaba en pleno recorrido y los demás participantes que se cruzaban con nosotros nos miraban con una mezcla de sorpresa y envidia sana y nos deseaban buen provecho. De hecho servimos de ejemplo a otros que también se apuntaron a la fiesta.
Lo malo fue ponerse en marcha de nuevo. En ese momento mis hermanos empezaron a flaquear psicológicamente y estuvieron tentados de abandonar. Pero conmigo delante la cosa no iba a ser tan fácil. Un poquito de pensamiento positivo, otro poquito de cojones, se mezclan bien y la fórmula de la motivación está hecha.

Ya en el polideportivo me di cuenta de que la pequeña ampolla se había convertido en una gran ampolla en cada uno de los talones pero ya no había nada más que hacer que aguantar. Porque los parches, en esas circunstancias no funcionan. Y lo de mi hermano Óscar iba creciendo. Ya tenía un meñique pelado aparte de diversas ampollas por el resto del pie. Nada, pensamiento positivo, sólo quedan 48 kilómetros, ya hemos hecho más de la mitad. Encendimos los frontales y adelante, hasta San Sebastián de los Reyes.

Los Alonso tenemos una cosa especial y es que siempre hemos funcionado mejor de noche y como no podía ser de otra forma caminamos más rápido esos 20km. que los anteriores. Ibamos como motos. La noche fue perfecta pero tengo que admitir que los dos últimos km. antes de llegar al polideportivo se me hicieron un poco largos. La verdadera prueba empezaba ahora.
A mi hermano Óscar ya le salía la sangre por la zapatilla y es que uno de los dedos parecía haber estallado. Lo tenía pelado y ensangrentado pero eso no le frenó en absoluto. Mis talones no tenían solución pero es un dolor soportable y todavía me sentía con ganas de correr, eso era una buena señal. Jesús era el más apagado por problemas musculares pero tampoco se planteaba ya abandonar.

Los primeros problemas serios empiezan a aparecer.

Teníamos por delante otros 13km. hasta llegar de nuevo a Tres Cantos. Durante este tramo veríamos amanecer y ya no teníamos ganas de hablar ni de bromear ni de nada. Sólo teníamos en mente llegar, cuanto antes. De hecho los dos últimos kilómetros puse el turbo y corrí a recoger la bolsa en el polideportivo. Las caras ya no son las mismas, parecemos fantasmas con la mirada perdida, con expresión penosa. Óscar prefiere ya no mirar los pies, ¿para qué?. Jesús tiene cargados los abductores, cuádriceps y gemelos y le cuesta mucho seguir.

De todas formas teníamos claro que ya habíamos acabado, la próxima parada era el final. No importa lo que tardemos porque lo hemos conseguido. Daba pena ver a gente que se retiraba en ese punto, con la meta tan cerca a tan sólo 13km.

Tan solo 13km. más...

Nos pusimos en pie a duras penas y caminamos lentamente esperando que el cuerpo se encendiera de nuevo pero parece que el motor no quería ponerse en marcha. Por mucho que la cabeza quiera ir rápido el cuerpo ya no puede acelerar tras 18 horas de caminata. Por suerte los riachuelos que se encuentran diseminados por el recorrido refrescaban los pies y nos daban unos minutos de tregua. Pero duraba poco.

Reconozco que ponerme en marcha fue difícil pero mentalmente me encontraba perfecto y no se me hizo especialmente largo así que me sentí victorioso. Correr durante 100km. es una dura prueba física y mental pero caminar durante 20 horas es una dura prueba mental y así me lo había planteado desde el principio.

A menos de dos kilómetros para el final Jesús nos dice, "yo no puedo correr la última vuelta, me gustaría, pero no puedo". Su cara lo dice todo. En estos momentos es cuando más hay que tirar de ese pensamiento positivo que hemos utilizado durante todo el día. Llegamos al final, se oye el Aleluya de Haendel y de repente desaparecen todos los dolores. Es verdad, no me duele nada. Le doy la cámara a una señora y les digo que sigan ellos que ahora les pillo. Esto me sirve para correr y como un ejercicio de catarsis se me unen mis dos hermanos, corriendo, hasta el final. Hemos terminado, los tres, juntos. Y es algo que ha tardado ocho años en suceder, desde que me presenté por primera vez.


Dos momentos de la llegada a meta.

Nos queda el recuerdo de los buenos momentos, los malos se borrarán pronto. Tendremos ganar de repetir y nuestras mujeres nos dirán que no. Habrá otros retos, más duros o menos, más largos o más cortos, pero no serán como este. Estos 100km. han sido únicos.

Enhorabuena a todos los que se han enfrentado a la prueba, hayan acabado o no, porque el simple hecho de plantearte una cosa así tiene mucho mérito.

jueves, 20 de mayo de 2010

Dos libros muy recomendables


Media vida corriendo - Fabian Roncero

Tengo que admitir que aunque conocía lejanamente la trayectoria de Fabián Roncero no he sido consciente hasta leer este libro de lo que realmente ha supuesto este ATLETA (con mayúsculas) para el deporte español e incluso diría que mundial.

Compré el libro en la Feria del corredor del Mapoma y tenía unas ganas tremendas de leerlo porque todo el mundo habla de el "Fabi" y al final todo esto acaba siendo como una historia que pasa de boca en boca y no sabes lo que es cierto y lo que no. Se ha creado una leyenda alrededor de este personaje de "enfant terrible" merecida casi siempre y debida a la marcada personalidad que señala quien le conoce. Sólo unos datos para hacernos a la idea:

Record de España de 10.000 - 27:14 (1998)
Record de Europa de Media Maratón - 59:52 (2001) *Aún en vigor
Record de España de Maratón - 2:07:23 (1999-2006)

Cualquiera que haya corrido alguna de estas distancias es consciente y seguramente se lleve las manos a la cabeza por lo que esos tiempos significan.

Como dije antes, su marcada personalidad le hizo rodearse de un halo de corredor Quijotesco, un poco loco (como una cabra, vamos) y según todos los que le conocen un excelente amigo que nunca te falla. Capaz de lograr lo imposible, para lo bueno y para lo malo. Un "cachondo" en toda regla. Un atleta mítico.

Y en este mundo tan especial en el que vivimos no se perdona la extravagancia ni el romper las normas, así que también tuvo que sufrir en algunas ocasiones la desilusión de la traición o la confianza perdida (magistral el detalle de la San Silvestre Vallecana 1998).

El libro es divertidísimo y se lee en un día (no es exagerado). Esta plagado de anécdotas y testimonios de quienes le conocen y corrieron con él y sufrieron en sus carnes los ritmos implacables que marcaba el madrileño.

Nadie sabe qué hubiese sido de Fabián Roncero sin sus "Ronceradas", quizá estaríamos hablando del mejor atleta de todos los tiempos o quizá eran esos arrebatos los que le hicieron estar en lo más alto. Desde luego a mí me ha calado hondo este libro y creo que dentro de poco iré a recorrer ese famoso surco que hay en el Parque de Arcentales a probar suerte y ver si se me pega algo de toda esa energía que el "Fabi" ha ido dejando con el paso del tiempo.

Born to run - Christopher McDougall

Este otro libro lo compré en Amazon porque ha sido tremenda la campaña de marketing que rodea a esta historia y tenía mucha curiosidad. Todavía terminado el libro no sé hasta qué punto es real lo que cuenta o no. Todo se basa en un personaje, "Caballo Blanco" y una tribu de "super-atletas" llamados Tarahumara. Según parece el vivir aislados de la civilización, en medio de los peligrosos cañones mejicanos y contar con una genética casi prehistórica les ha convertido en perfectas máquinas de correr largas distancias. Y cuando digo largas digo muuuy largas.

Todo esto cae en manos de un periodista (el autor), un corredor aficionado que sufre lesiones continuas y decide investigar qué hay de cierto en toda esta historia.

El libro pone en jaque a todas las marcas deportivas con informes científicos y estudios de catedráticos, científicos y algún que otro chiflado, y echa por tierra todo lo que creíamos saber sobre nuestra capacidad de correr. Es realmente interesante el capítulo sobre el "Barefoot running" o "correr descalzo" y sus beneficios en el organismo.

También cuenta historias de gente como Zatopek o Bikila, Ann Trason, sobre carreras míticas como la Leadville 100 o la WS100, pero siempre con el telón de fondo de los Tarahumara y nuestra capacidad ancestral y natural de seres corredores.

Todo esto acaba con una carrera, que se sigue organizando todavía en las montañas rocosas de méjico, entre los mejores corredores índios y los mejores, o más extravagantes corredores americanos del momento como Scott Jurek, Jen Shelton, Billy Barnett y "Barefoot" Ted.

La historia te engancha desde el principio y es una mezcla de novela histórica y libro técnico que no me extraña que se haya convertido en Best-seller en América. Lo que me temo que es que esa fama pueda dejar demasiada huella en un pueblo perdido y desconocido hasta ahora que vivía tranquílamente corriendo y tomando cerveza de maíz hasta hoy y que creo que dejará de serlo debido al terrible poder del dinero y las multinacionales. En este caso las ganas de ayudar han hecho más daño que bien.

* Este último sólo se encuentra en inglés de momento pero teniendo en cuenta las ventas no creo que tarden mucho en traducirlo