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lunes, 26 de abril de 2010

Los 5k más duros

Corriendo con toda la tropa hacia la meta.


Sé que llevo mucho tiempo sin escribir nada en el blog. Probablemente sea porque hace mucho que no tengo nada relevante que contar. Aparte llevo una larga temporada sin participar en ninguna carrera popular guiado quizá por un sentimiento de apatía y miedo a rebajar marcas y a entrenar una distancia concreta.

Hace tiempo que decidí dejar hablar a mi cuerpo y moverme por sensaciones y me ha funcionado bastante bien. He conseguido sobrevivir a este duro invierno (atléticamente hablando) y no ha sido fácil. Sin embargo tomé la decisión hace unos meses de intentar ser un poco más disciplinado en los entrenamientos. Me explico. Los continuos fracasos del año pasado me hicieron replantearme mi manera de correr. Si solamente se trataba de disfrutar la actividad no era necesario someter cada salida al estricto orden de un plan. Y así lo he hecho durante medio año. Pero al comienzo de 2010 sentí la necesidad de experimentar también el progreso natural a cargo de los consejos de los expertos. Dejar de lado mi característica anarquía y agachar la cabeza ante lo que es evidente y es que hay gente que sabe mucho de esto y que es bueno escuchar a quien a recorrido muchos más kilómetros que yo.
Tímidamente fui introduciendo en mis salidas las famosas series, probando todas las distancias, cuestas, de todos los tipos y colores y me tomé muy en serio los rodajes largos aumentando la distancia a los 30km. en algunos casos.

Tengo que confesar que empecé a cogerle el gusto a todo esto, incluso pude comprobar que mis entrenamientos eran cada vez de mejor calidad y era raro no correr a 4'30'' sin problemas.
Y todo esto ¿por qué?. Pues porque hay un par de citas en el calendario que son de obligado cumplimiento. Una de ellas es el MAPOMA y teniendo en cuenta el "ostión" que me di el año pasado pretendí asimilar esa experiencia para que no volviese a repetirse.

Todo apuntaba a que sería una buena carrera. He trabajado la fuerza y la resistencia. El test del 2x6.000, que suele servir para predecir el tiempo que puedes hacer en el maratón, me dio unos fantásticos resultados que mejoraban incluso mis objetivos.

La mañana del 25 realicé el ritual habitual, madrugón, desayuno, relajación y al coche. Antes de la salida pude conocer a José Carlos "Pepemillas" y a Paco Montoro, que ya era hora. Fue un placer poneros voz, la cara ya la conocía. Espero encontraros en muchas otras ocasiones y si se puede correr un rato juntos.

Poco a poco se acercaba la hora y ya estaba en la salida con mi primo Carlos que pretendía seguir el mismo ritmo que yo. Este año ni paracaidistas ni nada, debe de ser la crisis, sonó el disparo y todos salimos con esa sensación de haberle quitado la correa a un perro.

Sin problema fueron pasando los kilómetros y todo se ajustaba a nuestros ritmos, 5'10'', a veces un poco menos pero lo llevábamos de lujo. De hecho el ir conversando la mitad del camino era un buena señal, no nos faltaba el aliento. Nos permitíamos el lujo de bromear de vez en cuando con el público. Sobre todo la liamos gorda en la Puerta del Sol cuando empezamos a jalear a la gente para que animara y todo el mundo se puso a gritar. Un poco más adelante me esperaban mis padres que me dieron una botella de isotónico que me había ido tan bien en mis tiradas largas.

Iban pasando los kilómetros y todo marchaba bien. Pasada la media (1h46') estaba tan fresco y eso que íbamos por debajo del tiempo previsto. Pasando la Av. de Valladolid sentí que a Carlos le estaba costando seguir ese ritmo, a lo mejor porque ese era el punto que menos le gustaba de todo el recorrido. El mío venía después. Antes de entrar en la Casa de Campo nos encontramos con algún colega, de los que hace marca, que se había retirado porque no bajaba de 170ppm. y había preferido dejarlo lo que me parece una sabia decisión.

La Casa de Campo es mi infierno personal. En los tres maratones que he hecho me ha costado mucho física y psicológicamente cruzar esos caminos y terminar en esa cuesta tan tremenda. Aún así lo peor había pasado estaba en el km.33 y todavía me encontraba bastante entero aunque las piernas empezaban a aflojar el ritmo que cada vez era más lento. Estábamos corriendo a 5'15'' y yo empezaba a adelantarme a mi primo al que había perdido de vista. En estas circunstancias es cuando empieza tu verdadera carrera y no puedes correr la de otros. Pasando por el km.36 empecé a notar que se me iban agarrotando los cuádriceps y decidí caminar un poco por prudencia. Qué error.

Pasó Carlos y me dijo que fuéramos juntos pero como digo a estas alturas cada uno tiene que correr su carrera y no quería ser el lastre de nadie. Cuando parecía que todo estaba bien comencé a correr de nuevo pero... ups, las piernas ya no eran de carne y hueso sino de cartón piedra. El motor se había parado. A partir de ahí todo fue de mal en peor.

Puedo correr con calambres, aunque duela mucho os lo aseguro, pero parecía que todos mis circuitos se habían apagado. Noté que ya no absorbía los líquidos y la sensación de sed era constante. Además sentía que estaba a cero, sin energía, me costaba trabajo incluso mantenerme en pie. Sólo quedaban 5km., eso no es nada, pero en esos momentos me sentía como empezando desde el principio. Nunca se me han hecho tan duros 5km. Os puedo asegurar que el dolor y la impotencia que sentía en esos momentos eran tan grandes que el hecho de que alguien se fijara en mi y me animara me hacía llorar. Sólo me venían a la cabeza las imágenes de todos los entrenamientos, los sufrimientos, las salidas cuando lo que menos te apetece es salir, con nieve, lluvia, viento y a veces todo junto. Todo ese esfuerzo pensado en no pasar por esto y sentir que no ha servido de nada, sentir que defraudas a todos por no haber conseguido lo que prometías, eso es lo peor.

Por fin conseguí entrar en el Retiro, todo esto estaba a punto de acabar. Me encontré con mi tía Paquita, "¡ese es mi sobrino!", decía con orgullo, y a mi se me volvían a saltar las lágrimas porque yo no sentía merecerlo.

Unos metros más adelante se encontraba toda la tropa que me estaba esperando. Y digo "toda". Al momento empecé a oír gritos de ánimo, vítores, y salieron todos a correr conmigo. Mis hermanos, mi sobrina, mi mujer. Así que como comprenderéis volví a llorar. Mis hermanos me decían "¡venga, que ya estamos!" mientras corrían a mi lado y a mí esos 200 metros me parecían un mundo. Eso no tiene precio y sólo por esos segundos mereció la pena correr los restantes 42 km. Vinieron conmigo hasta que la organización los sacó del recorrido. En ese momento cerré los ojos y continué con un pie delante del otro pensando que en cualquier momento me iba a desmayar. Al cruzar la meta me agarró un sanitario que me preguntaba insistentemente si estaba bien pero no podía contestar. Cuando me dijo que si estaba mareado le conteste que no con la cabeza y me ayudó a incorporarme y me dijo que siguiera caminando a la salida. Tenía mucha sed pero no me entraba más líquido. Todo me daba asco. Incluso recoger la bolsa del guardaropa se me hizo eterno. Por fin había terminado todo.
Y esa es mi pena. Las carreras no son para terminarlas así. Las carreras hay que disfrutarlas y ese era mi objetivo en este maratón. ¿Qué salió mal entonces?. Pues todavía no lo sé. Y eso me mata. Todavía no me puedo creer que mi mejor maratón, tanto por la marca como por la manera de vivirlo, sea el primero que corrí, con una preparación "de mierda" y con muy pocos kilómetros en las piernas. En estos momentos estoy hecho un lío. No sé cómo reaccionar, no sé cómo seguir entrenando. A mí me encanta esta distancia y no pienso dejar de correrla incluso cuando los médicos me aconsejan, por mi peso, que no es lo más adecuado. En estos momentos tengo una espina del tamaño de una espada clavada dentro y lo que tengo clarísimo es que me la voy a sacar, no sé cuándo ni cómo pero lo haré.

Tabla de parciales. Todo iba bien hasta el km. 35

lunes, 27 de abril de 2009

Un par de tropezones no me harán caer

¿Quién no ha sufrido alguna vez en su vida un tropezón y se ha vuelto a levantar?, ¿y dos?. Pues eso es exactamente lo que me ha pasado en las dos últimas pruebas a las que me he presentado. Para empezar pedir disculpas por no haber podido pasarme por vuestros blogs todo lo que debería pero en estos momentos de crisis el trabajo manda y por suerte he tenido mucho.
Estos meses tan fríos he mantenido un entrenamiento bastante duro (por lo menos para mí) intentando no superar los 4:30' por kilómetro sin importar la distancia que corriera y buscando potenciar un poco mi velocidad. Así que me he movido entre los 4:20' y 4:35' desde enero.

Eso me motivó mucho a la hora de enfrentarme a la MEDIA MARATÓN VILLA DE MADRID. En algunas de mis salidas había llegado a rondar la 1:30h. en esa distancia así que me presenté con la moral bien alta y con muchas aspiraciones a conseguir otra MMP. El día era perfecto, fresco pero soleado. Lo único que podía causarme algún problema era el tendón de aquiles que llevaba molestándome algún tiempo pero tampoco tanto como para preocuparme.

Se dio la salida y salí escopetado. No tenía muy buenas sensaciones al pasar por el km. 5 pero no tenía problema en seguir al globo de la hora y media. No se si alguna vez os ha pasado que parece que te falta el aire desde el primer kilómetro y esperas que con el paso de los minutos desaparezca ese malestar. Es bastante incómodo correr así porque te desmoralizas casi desde el principio.

Más o menos en el km. 7 me cruzo con Pedro cosa que me pareció extraña porque este ronda tiempos que para mi son muuuy lejanos, pero parece ser que había llegado tarde y el acelerón del principio le había dejado tocado.


Paso por el km. 9

Pasé por el km. 10 en 42'30'' y teniendo en cuenta que la primera parte del recorrido era cuesta arriba y a partir de ahí vendrían casi 8km. de cuesta abajo me veía bajando de la 1:30h.

Todavía no se muy bien por qué pero no conseguí recuperarme en la bajada y de hecho cada vez me encontraba peor. Conseguí mantener el ritmo a duras penas hasta el km. 15 pero ahí se me hizo imposible. Literalmente estaba vacío. Mi cabeza mandaba la orden a mis piernas pero estas no respondían y cada vez me costaba más respirar. Bajé tanto el ritmo que los últimos kilómetros rondaban los 6''. Todo era lento a mi alrededor. Estaba claro, me había dado una pájara de narices.


A punto de cruzar la meta


Una serie de fotos de la llegada con cara de pocos amigos

Conseguí superar la última cuesta para entrar en el Retiro y seguir corriendo más por vergüenza que por otra cosa y acabé con una marca de 1:36:20. Que bien pensado no está nada mal pero con el mal sabor de boca de imaginar qué hubiera pasado si no me llega a dar el bajón. ¿Los motivos?, pues no lo sé porque no creo haberme alimentado ni hidratado mal, los entrenamientos previos apuntaban bien y creía estar descansado. Supongo que hay días que se te atraviesan y no hay que darle más vueltas.

Lo peor de todo es que esa pequeña molestia en el aquiles se transformó en un dolor muy fuerte (tachán), lo que me faltaba. Eso me hizo parar durante una semana y pasarme todo el día pomada va, ungüento viene, duchas frío-calor... Y con la incertidumbre de saber que en un mes tenía que correr el MAPOMA 09.

Hasta dos días antes de la prueba no estuve seguro de poder correr sin problemas porque las molestias se repitieron día si y día no. La semana anterior pude parar un poco y descansar las articulaciones y milagrosamente pese a todo pronóstico el dolor desapareció.

El viernes me fui con mi hijo a la feria del corredor para recoger el dorsal con un calor de justicia y tuve la suerte de poder charlar un rato con Abel Antón y Fabián Roncero que estaban de promoción en uno de los stands. Me advirtieron del frío del domingo pero ambos preferían correr así que con el calor que hacía en ese momento. Y tengo que puntualizar que pese a que Abel fue muy amable conmigo Hugo prefería a Fabián al que no paraba de sonreir.

Pasé todo el sábado con la sensación de hormigueo en el estómago e intentando no pensar en la carrera pero me fue imposible. Y la sensación nerviosa se hizo más fuerte en el momento de preparar los "bártulos" para el día siguiente. De repente te sobrevuelan por la mente un montón de dudas y de recuerdos, ¿habré entrenado lo suficiente?, ¿lo pasaré tan mal en los últimos kilómetros como el año pasado?, ¿me romperé en dos por la parte del aquiles o me dará otra pájara como en la media?. Lo mires como lo mires hacerse 42km. del tirón es una burrada y es quizá eso lo que me motiva. El hecho de que sea una locura me pone. Y es con esa sensación con la que me acuesto.

6:00 am. Suena el despertador y desayuno lo de siempre, café, tostada y zumo. Como tengo todo bien preparado y he hecho los deberes me sobra tiempo y salgo de casa tranquilo. Hace una temperatura de 8º y el cielo está nublado. La cosa promete.

Quedo con Carlos, un primo mío, en el Paseo de Recoletos y por mucho que me explicara no conseguiría transmitiros el frío que se apoderó de mí en esos instantes previos a la carrera. Entre los nervios y el frío no paraba de temblar.

La carrera salió muy puntual, a las 9:00 am. en punto y como decía mi primo parece que nos dirgíamos a Mordor por el aspecto de las nubes al final de la Castellana. De hecho un par de minutos más tarde comenzó a llover, y a llover bien. Así que si ya tenía frío, con el viento en contra y la lluvia... no os digo nada. Aceleré un poco el ritmo a partir del segundo kilómetro y me alejé un poco del grupo con el que partí porque mi meta eran las 3:30h. y ellos se planteaban bajar de las 4:00h.

Poco a poco me fui encontrando mejor y cogiendo mi ritmo. Pasé por el km. 10 en 50'02'' y tenía muy buenas sensaciones así que decidí mantenerme y procurar frenarme. Fueron pasando los kilómetros, km.15 - 1:13h. y se acercaba la Puerta del Sol. Allí había quedado con mis padres que me harían de avituallamiento. Era el km.18 y estaba como nuevo, con esa sensación de haber empezado hace nada. También me dicen que Julio Rey va descolgado y bastante mal, qué desilusión, pero claro Chema era mucho Chema. A partir de ahí unos cuantos kilómetros de cuesta abajo. En el Palacio de Oriente me encuentro con Lander que va a acompañar a unos amigos en la segunda parte de la carrera.


Entrada en la Gran Vía y más o menos km. 18

Pasé por la media en 1:43h. y me seguía sintiendo muy bien así que no había motivo para aflojar el ritmo. El paso por Príncipe Pío, como el año pasado, lleno de gente animando que parece que se te echan encima te "llena de orgullo y satisfacción" a la hora de entrar en la Casa de Campo.

Las nubes se disolvían, aparecían los rayos de sol y la cosa prometía. Yo seguía rodando a ritmos de 4'55'' y en el horizonte ya podía ver las 3:30h. Cuando de repente...ZAS! No puede ser, no puede ser... y otra vez... ZAS! Pasando el kilómetro 30 y sin previo aviso los calambres se apoderaron de mis piernas. Esperaba que eso me sucediera a partir del 38 pero tan pronto...
Los cuadriceps me dolían mucho pero podía soportarlo bajando un poco el ritmo, el verdadero problema eran los abductores que se me quedaban tiesos como palos y me obligaban a parar a estirar. La marca se me alejaba por momentos y todavía me quedaba mucho por delante. No sé cuántas veces me paré a estirar pero fueron muchas y daba igual lo mucho que bajara el ritmo, cada dos o tres minutos me daba un pinchazo en los abductores. Ni el reflex ni los estiramientos ni la madre que los parió, de la que me acordé muchas veces, podían solucionar esto.

La gente con la que había salido en un principio me pasaba tan fresca y yo no podía seguirles, me sentía la persona más impotente del mundo. Aún así seguí con mis dolores hasta el 38 y después el 39 y el 40. Andando y corriendo, estirando y volviendo a correr. En esos momentos es cuando más sientes el apoyo de la gente que te anima, que te levanta y te impulsa a acabar. Son los que te dan ese aliento que te falta y te hacen ver el vaso medio lleno. Llevas corriendo más de tres horas, te has enfrentado al maratón y lo vas a vencer, eso es lo importante.


Paso por el km. 38 acompañado por Carlos y totalmente roto

Con esos pensamientos cruzo la puerta de entrada al Retiro y tal y como lo hice el año pasado, apretando los dientes y cerrando los ojos, prácticamente arrastrándome enfilo los últimos metros. Oigo a la gente como dice: Ay, mira a este pobre... pero no me importa, todo esto acabará pronto. Veo a mis primas emocionadas animándome y un poco más adelante me espera Eli, incondicional. Lleva más de una hora esperando, con el niño y pasando frío. No recuerdo muy bien lo que dije ni cómo lo dije pero quería terminar esta carrera con Hugo y así fue. El tío iba tan contento corriendo conmigo porque a este le gusta mucho correr. De hecho le animaban más a él que a mi.


Apretando los dientes

El crono final, 3:46:04, que es un buen tiempo pero muy alejado de lo que tenía en mente. Para haceros una idea, los dos últimos kilómetros los hice en 15'. Sufrí mucho, más de lo que pensaba que se podía sufrir pero soy muy cabezón y si me caigo me levanto las veces que haga falta.

Me quedo con un sabor entre dulce y salado. No sé muy bien que pasó. Lo más probable es que esté trabajando de la manera equivocada, que pretenda llegar a sitios que todavía me quedan lejos, que no soy tan bueno ni tan rápido. Se aprenden muchas cosas en un maratón y es la mejor manera de poner los pies en la tierra y conocerte a ti mismo. A partir de ahora intentaré tomarme las cosas con más calma, veremos cuánto me dura.

PD. Enhorabuena a todos los que conseguisteis acabar de una pieza o a trozos como yo, eso ya es una victoria.


Cuadro de tiempos

martes, 9 de diciembre de 2008

Análisis, prueba de esfuerzo, ecografías y toda esa historia...



¿Quién me lo iba a decir a mi? Yo que tanto critico el mundo de la medicina sometiéndome a sus dictados durante una semana. La verdad es que la cosa viene de hace unos meses. Tengo que reconocer que he tenido algunos sustos en algunos entrenamientos desde hace un tiempo. No se explicar muy bien lo que es (ni la medicina tampoco ¡ja!) pero en ciertas carreras, en cosa de un segundo, noto como si el corazón me palpitara más fuerte y de repente me falta el aire. A veces he tenido que parar en seco y otras he intentado seguir, por si se me pasa en unos minutos, pero lo único que consigo es acabar destrozado, ahogado y con un cansancio muscular terrible. Me sucede de forma aleatoria, cuando voy rápido y cuando voy lento, cuando estoy cansado y cuando no lo estoy. No consigo encontrar la razón lógica.

Así que tal y como están las cosas y teniendo en cuenta que no voy a parar de correr en un futuro cercano (y espero que en el lejano tampoco) accedí a visitar al cardiólogo bajo la presión familiar. Le comenté lo que me sucedía y me mandó todo tipo de pruebas para descartar cualquier anomalía cardiaca o en la alimentación, análisis de sangre, prueba de esfuerzo, holter de tensión y ritmo cardiaco y ecografía cardiaca.

Los resultados del análisis de sangre estaban perfectos, salvo por tener altas un par de enzimas, la CK (no es que lleve los Calvin Klein a la altura del sobaco) que se traduce como Creatin Quinasa y es una enzima que se fuga de un músculo deteriorado. Cuando se encuentran niveles elevados en una muestra de sangre indica generalmente que el músculo está siendo destruido por algún proceso anormal, tal como una distrofia muscular o una inflamación
Y también la Gamma GT (que no es ningún coche) que se relaciona con procesos hepáticos. Vamos que todo dentro la normalidad teniendo en cuenta que hago deporte.

El holter de tensión pese a ser un coñazo llevar un aparato que te mide cada cinco minutos durante 24 horas también dio buenos resultados, una media de 120/70 de tensión y 45 pulsaciones (he llegado a tener 39 pulsaciones por la mañana).

El mismo día que me quitaban el holter me hacían la prueba de esfuerzo. Tuve que depilarme el pecho para que me pegaran los electrodos y ahora pica que es una barbaridad. Me pegaron alrededor de ocho cables por el cuerpo y me los sujetaron con una red de lo más sexy. Además tenía colgando del brazo un tensiómetro. Me comentan que cada tres minutos la máquina va a coger velocidad y a subir la inclinación. Comienza la prueba con una velocidad de paseo y poco a poco se convierte en una marcha militar. Llega un momento en el que me cuesta menos correr que andar y la cosa sigue inclinándose y subiendo. Cuando llevo cinco etapas y la cuesta es del 18% y la velocidad es de 8km/h. empiezo a notar el cansancio muscular y por suerte la doctora me para la máquina en la siguiente etapa con una inclinación del 20% y a 9km/h. cuando ya estaba poniendome al borde de las 190 pulsaciones por minuto. ¡Menos mal! estaba a punto de apretar el botón de parada porque no podía más pero teniendo en cuenta que era una prueba de esfuerzo supuse que tendría que esforzarme al máximo.

Me miraron los resultados a la vez que me hacían la eco y me miraban mi corazoncito, que por cierto estaba perfecto. Cito palabras textuales de la doctora: "¡Vaya!, tenemos nuevo record de la prueba. Toma, llévate esto y si quieres lo enmarcas". Y es que esas cosas hay que contarlas para presumir un poco que mi sudor me ha costado.

Total, que no tengo ni idea de por qué me pasa lo que me pasa, aunque supongo que es debido a un sobre-entrenamiento pero por lo menos me quedo tranquilo respecto a mi salud cardíaca que teniendo en cuenta lo que pasa por estos mundos no está mal chequearse de vez en cuando aunque negaré haber dicho esto.

jueves, 2 de octubre de 2008

Esta es por Juan Antonio

Juan Antonio Cebrián (1965-2007)

Hace casi un año, el 20 de octubre de 2007 fallecía por causa de un infarto a los 41 años de edad el periodista y escritor Juan Antonio Cebrián. Estaba invitado a una boda en la que le habían pedido que dirigiera unas palabras. Nunca pudo pronunciar su discurso.

Podría llenar de palabras este blog contando admirado la trayectoria profesional de este periodista pero prefiero narrar a título personal lo que significó para mí cruzarme con su voz en el universo radiofónico.

Hace al menos 20 años que empecé escuchando Turno de noche las madrugadas de insomnio que tanto se dan en mi familia y quedé enganchado como el que más a su Zona cero, al profesor Germán de Argumosa, a los relatos, al Sombrita y su piedra pirámide y en definitiva a todas las secciones de un programa que rompía la monotonía de las noches de la radio española.

Lo pasé bastante mal cuando el programa se transformó en la Rosa de los Vientos y se trasladó a las tardes del fin de semana porque no me permitía escucharlo con la asiduidad que pretendía. Pero el destino nos recompensó de nuevo a todos los Murciélagos de onda cero devolviéndonos la Rosa a su franja nocturna. De alguna manera Juan Antonio siempre perteneció a la madrugada y el programa estaba rodeado de ese halo misterioso que sólo da la noche.

Y es en este momento cuando me dirijo directamente a ti, Juan Antonio para decirte que me has enseñado mucho. Entre otras cosas y a través de tus Pasajes de la Historia me ayudaste a encontrarle el encanto a una asignatura que quizá mis profesores del colegio en muchos años de estudio no pudieron ni supieron hacerme entender. Sólo tú eras capaz de convertir en un personaje de actualidad a Juana "la loca". Algo muy bonito que hiciste con nosotros fue enseñarnos el placer de aprender. Recuerdo con cariño cuando te conocí en una feria del libro de Madrid y me firmaste un ejemplar de tu primer libro con esta dedicatoria: A Germán, gran guerrero visigodo en la defensa de su Rosa de los vientos.

Siempre viste la vida con alegría y optimismo, y eso que una enfermedad en la infancia te privó de ese sentido para siempre. Qué contrasentido, ¿verdad?. Según tengo entendido fue esa enfermedad que te tuvo encerrado mucho tiempo la que te volcó en la lectura y con la que descubriste a todos esos personajes de la historia que te cautivaron y que años más tarde nos harías descubrir a nosotros.

Pero lo que seguramente no sabes, o sí, quien sabe, es que me has acompañado multitud de noches de trabajo junto a las 4C (Bruno Cardeñosa, Carlos Canales y Jesús Callejo) dejándome asombrado con vuestros conocimientos sobre cualquier materia. De la misma forma me hacíais pasar un miedo horrible en aquellos especiales terroríficos que nos dejaban a todos metidos en la cama empapados en sudor frío. Creo que nunca podrá volver a juntarse un equipo tan profesional como el que tú reuniste.

Y relacionándote con el tema del blog también tengo que comentarte que estuviste conmigo en mis primeros 100km24h. Lástima que se perdiera la señal cada dos por tres, seguro que el sufrimiento habría sido menor. 

En definitiva y echando la vista atrás tengo que decirte que has sido muy importante en mi vida y que parte de lo que soy, para bien o para mal, te lo debo a ti. Soy un "Rosaventero" convencido. Es por eso que esa mañana de octubre en la que me enteré de tu muerte no podía creérmelo. Yo acababa de correr la carrera del CSIC en 43:43 minutos y estaba flotando de alegría, así que la noticia me sentó como un jarro de agua fría. De hecho incluso hoy en día me cuesta creer que te hayas ido. A veces sigo escuchando tu voz en las madrugadas del fin de semana y me traslado en el tiempo escuchando tus pasajes.

El próximo día 19 de octubre se celebra una nueva edición de la carrera del CSIC. Te juro que voy a correr con todas mis fuerzas y esa mejor marca personal irá dedicada a ti, por todo lo dicho anteriormente, a Silvia y Alejandro y a la memoria de todo lo que nos enseñaste.

Como decías siempre "Fuerza y honor", se ha convertido en un lema también para mí y esos ideales que transmitías en tu programa han ido poco a poco calando en mi vida.

Qué solos nos has dejado "Cebri" aunque supongo que seguirás contento y feliz como una lombriz amigo y compañero

Un abrazo, seguiremos en contacto.


martes, 2 de septiembre de 2008

Sabor agridulce



El pasado día 31 de agosto más de 11.000 corredores de Madrid participamos en un evento histórico. Una carrera organizada en más de 20 países en todo el mundo corriendo a la vez y sumando kilómetros con fines benéficos.

Y es que hay que admitir que nike organiza las cosas como nadie. En mi vida había visto una señalización tan perfecta, todo estaba indicado desde la salida del metro (los billetes los regalaban con la inscripción) y cuando se hacen las cosas bien hay que decirlo.

En la línea de salida montaron una pasarela desde la que Santi Millán dirigía el evento y daba paso a los videos que se veían en una gran pantalla. Disfrutamos de un pequeño concierto de los Pinkertones y pocos minutos antes del pistoletazo presentaron a los corredores. Estaba claro que el público estallaría al ver a Chema y así fue. También estaban Reyes Estévez, Jesús España  y Marta Domínguez.

En la gran pantalla aparecía la cuenta atrás y ¡pum!, todos a correr. Salí bien y con buenas sensaciones. Tenía en mente bajar mi tiempo oficial en 10k. que es de 43:43 y estaba seguro de poder hacerlo. De hecho en los entrenamientos lo he superado sin muchos problemas. Además el recorrido parecía ser bastante bueno para intentarlo... ¡Pues no!. Madrid es de todo menos llano y las subidas y bajadas tan duras acabaron doliendo.


Las tres máquinas de la escapada subiendo por atocha.

Así que me planté en el km.5 que pasaba por la Puerta del Sol en 21:00m. donde me esperaba mi madre que estaba preparada para vernos a los tres Alonso corriendo. A partir de ahí empezaba una gran cuesta abajo en todos los sentidos. 

A partir del km.7 y entrando en la Casa de Campo empecé a sentir cómo me quedaba sin fuelle y mi ritmo bajaba tan rápido que veía escaparse la marca a cada kilómetro. La última cuesta, que ya la sufrí en el maratón y mi hermano aún más, terminó por quebrarme.

Total, que me quedé a 15s. de mi mejor marca oficial, en 43:58m. y con cierto sabor agridulce en el estómago.


La curva de progresión lo dice todo.

La carrera fue estupenda y la organización también. Al concierto posterior no pude quedarme porque se me hacía tarde pero tenía pinta de estar bastante bien.

Por supuesto ganó Chema con un tiempo de 29:39m. y siendo el segundo de los corredores más rápidos en todo el mundo.


En el km.3 ya se habían despegado del resto.


Es el mejor sin ninguna duda.

Mi llegada triunfal.



Más de un millón de corredores con chupamos 10km. el pasado domingo pasando una tarde muy agradable entre un montón de gente con ganas de correr. ¿Qué más se puede pedir?.

jueves, 19 de junio de 2008

Poco más de un año y muchos kilómetros

Hace poco más de una año que comencé a escribir este blog. No sé si lo creeréis pero la única razón fue para motivarme. La pasada edición de los 100km. en 24 horas estaba cerca y era muy importante para mí porque había fallado en las dos ediciones anteriores justamente por falta de ilusión. Así que me puse a recordar y a escribirlo todo, me gustó y hasta hoy. Al principio sólo mi madre y mis hermanos se pasaban por aquí y ahora me falta tiempo para poder contestaros a todos. Hace un año corría diez kilómetros con dificultad y ahora es lo mínimo que hago. En todo este tiempo he corrido varias carreras de 10km., una media maratón con record personal y una maratón. Todavía no me lo creo. Y para colmo vuelvo a terminar otra edición de los 100km.

Al final sólo pudimos ir dos de los hermanos por estar Óscar ausente y la verdad es que se le echó en falta porque cuando vamos los tres Alonso juntos nos complementamos unos a otros. Aún así Jesús estaba muy animado y decidido a terminarlo este año. Era su tercer intento y como suelen decir, a la tercera...


El método tradicional de "cámara en coche"

Llegamos pronto a Colmenar, no como el año pasado que casi ni nos dio tiempo a dejar las bolsas. El tiempo era perfecto, soleado pero sin mucho calor. Esta vez lo planteamos como una marcha tranquila, sin prisas, lo importante era acabar. Teniendo en cuenta que la semana anterior no pude correr por problemas en los soleos y que esa misma mañana todavía me dolían sería un milagro terminar sin sufrir mucho.

Nos encontramos en la salida con unos vecinos de mi hermano y la primera parte del camino se nos hizo más llevadero. 

Y aquí tengo que darles un tirón de orejas a la organización y a Corricolari. Mira que llevan años haciéndolo y aún así no tienen previsto rutómetros para todos, el agua se acabó en el primer avituallamiento y más de la mitad de participantes tuvieron que esperar más de dos horas bajo un sol de justicia para beber algo y justo cuando menos falta hacía el agua, cuando se iban cerrando los puestos, les llegaban los camiones con las botellas. Lo pobres voluntarios aguantaron de todo, aunque no tuvieran la culpa, pero les dijeron de todo menos bonitos. Lo más normal es tener más agua y zumos cuando más calor hace y no por la noche que la gente ya no quiere ni beber. En fin, el mundo al revés.


Jesús cachotas en plan "sobrao"

Cerca de Manzanares el Real

Entre piedras, caminos y carreritas cortas llegamos de nuevo a Colmenar, km. 35. Allí estuvimos parados casi una hora y media. Entre esperar a las parientas y tomar unas cervecitas se nos pasó el rato.


La familia nos vino a ver y nos pilló por los pelos

Salimos hacia Tres Cantos con un poco de retraso, de hecho creo que en algún momento fuimos los últimos pero llevábamos muy buen ritmo y llegamos con tiempo de sobra para tomar otras cervecitas en un bar y comprar un buen bocata de tortilla que se "jaló" el brother.

Nos echaron literalmente de Tres Cantos con la excusa de que no nos iba a dar tiempo a llegar de nuevo para sellar el rutómetro así que salimos "escopetaos" con nuestros frontales hacia San Sebastián de los Reyes. La noche era perfecta y la temperatura acompañaba así que el camino se nos hizo más fácil.


Pose "guapa" del que escribe con el frontal preparado


Mi hermano y mi madre charlando a las 3:00 am.

A partir de ahí la cosa se me puso más dura. Cambié unas plantillas por otras en mis zapatillas y no fue una buena idea. Los catorce kilómetros hasta Tres Cantos se me hicieron muy largos. Pisaba mal y se resentían los músculos. El camino por el carril-bici hasta llegar a la civilización se me hizo eterno. Pero en esas circunstancias y estando tan cerca del final sólo queda apretar los dientes y poner un pie delante del otro. En esos momentos me venía a la mente el último mail que me escribió el maestro Karnazes en el que me decía "Please, never stop" y eso me daba fuerzas para seguir.

La última parada la alargamos todo lo posible y salimos renqueantes, yo con los pies doloridos y mi hermano con los huevos "escalfados". Al parecer el sudor y el roce hicieron de las suyas y se tiró medio día con el farolillo rojo encendido. Lo mejor del último tramo fue el cruce de los riachuelos que por supuesto no nos molestábamos en bordear. El agua fresca de la mañana sentaba de lujo en los pies y los adormecía durante unos minutos magníficos.


Caras en el kilómetro 40

Caras en el kilómetro 95

Al final terminamos con la cabeza bien alta, dando la última vuelta corriendo y con aires de sobraos.


Cruzando la meta no puedes evitar emocionarte.

Como siempre, el mejor final me espera en casa donde mi mujer me había preparado una corona de laurel y unos carteles para cruzar la meta, es la mejor haciendo esas cosas.


Ridículo sí, pero contento

Esta es mi tercera victoria sobre esta prueba y a no ser que algo importante suceda el año que viene será seguramente la última, ¿o no?.

lunes, 28 de abril de 2008

Emocionante

Y es que este pasado fin de semana sólo puedo calificarlo de emocionante y por muchas razones. El sábado, tal y como habíamos hablado por los "interneses" quedamos por la tarde en la feria del corredor de la Casa de Campo para recoger los dorsales. Allí me encontré con varios del "club de los blogueros", algunos ya conocidos como Pedro y otros como Pepe y Elmorea a los que por fin pude poner cara y voz. Tras un rato de charla nos despedimos hasta el día siguiente, el gran día.

Dicen que hay que dormir bien antes de correr un maratón, si puedes. A las 5:00am., mi hijo, que normalmente duerme como un ceporro se despertó llorando. No podía ser otro día. Así que, ya despiertos lo mejor es adelantar el desayuno. Mi cafetito y mi tostada que no me los quite nadie. Tras recoger todos los abalorios de la carrera me despedí de mi mujer y mi hijo y salí de casa hacia un futuro incierto.

Encontré a Pepe en la puerta del antiguo Palacio de Correos (eres el único puntual, los demás no tenéis vergüenza) y poco a poco fueron llegando los demás para la foto de grupo, que espero que colguéis pronto. A partir de ahí, no sé qué pasó pero perdí de vista a todo el mundo menos a Pedro que se adelantó a la salida.

Paracaidistas, aviones y de repente... ¡paf! pistoletazo de salida. Nervios a flor de piel, varias respiraciones hondas y ¡ala! a correr. Ya estoy en marcha. De repente me vienen a la mente muchos recuerdos y miedos que he pasado estos meses imaginando cómo sería este momento. Ya no hay vuelta atrás, estoy en carrera y lo único importante es encontrar el ritmo adecuado. Paso por el kilómetro 3 en 16:16min. Voy muy bien he intento seguir el mismo ritmo. Pero claro, no estoy acostumbrado y pronto me acelero. En el 10km. voy a 50:07min. lo que quiere decir que he bajado de 5min/km en los 7 anteriores. Aún así me encuentro muy bien y sigo al mismo ritmo.

Estoy en la Gran Vía y hago una llamada a mi madre que me espera en la calle Mayor. Había quedado en pasar por allí en 1:35h. pero llevo 10min. de adelanto. No hay problema lleva en el sitio ya un buen rato. Se nota que me conoce. El paso por la Puerta del Sol es increible. La música y la gente animando... y mi madre con un plátano y un aquarius. Km. 17, ¿qué tal vas? -me dice- Genial -le contesto- y sigo corriendo.

En la plaza de Oriente me cruzo con "la Santa" de Elmo, y nunca mejor dicho lo de Santa. A partir de ahí me la crucé en tres ocasiones, era omnipresente. Siempre animando y con su cámara en ristre. Qué puedo decirte Encarni, mil gracias.

Paso por la media en 1:46:47h. y me siento como si acabara de empezar, estoy nuevo y hago la llamada de rigor para informar al personal. En ese momento me comunican que Chema va en cabeza. ¡Qué subidón!.

Llego a Príncipe Pío, km.24 y allí me encuentro con mi hermano, que me va a acompañar hasta la meta, son 18 los que quedan y me recuerda que baje el ritmo. Entramos en la Casa de Campo y empieza a notarse el cansancio en la gente. Nadie habla, salvo mi hermano y yo, mejor dicho, sólo yo. Óscar se está quedando atrás, algo pasa. Le pregunto si va bien y me dice que no, que no se encuentra bien de forma pero como es un "tapao" no le creo y seguimos al mismo ritmo.

Saliendo de la Casa de Campo nos enfrentamos a una cuesta bastante jodida, de esas que te frenan el ritmo y hacen doler las piernas, pero la gente anima que es una delicia y me crezco y tiro. De repente miro a mi lado y mi hermano no está, se ha quedado atrás. Le vuelvo a preguntar si se encuentra bien y no contesta, mala señal. Le propongo bajar el ritmo pero me dice que no, que siga, que él no quiere frenarme. A mí empiezan a dolerme las plantas de los pies, es el km.30 y de lo demás estoy perfecto, así que le digo que ataje y nos veamos más adelante y emprendo la bajada de la Avda. de Portugal como una moto en todos los sentidos.

Pasado el Estadio Vicente Calderón espero al demonio de la mirada, o al del mazo, el muro o como queráis llamarle, para mandarle bien lejos. El muy cabrón se hizo de rogar, no apareció hasta el km.35, eso si, descargó sobre mi toda su furia.
En ese momento sólo podía pensar en una cosa: -nada más quedan 7km-, -¿cuántas veces te has hecho tú eso sin siquiera cansarte?-, -¿cuánto tiempo puedes tardar en hacerlo?-, y mientras van pasando los minutos.

Los kilómetros se hacían cada vez más lentos y mi ritmo también. De hecho creo que no puede estar bien la tabla de la clasificación porque me sentía lentísimo. Pero me había prometido no parar y plantarle cara al muro y eso iba a hacer.
-Sigue corriendo- me decía a mi mismo, -un pie detrás del otro, ese es el secreto-, -sigue respirando-.

A los veteranos, qué os puedo contar, ya sabéis lo que es esto. Y a los que no lo habéis intentado todavía os aseguro que el sufrimiento físico y psíquico es brutal. Supongo que hay que vivirlo para saber lo que es pero intentaré describirlo de la mejor manera posible. El ritmo se hace muy lento, no por falta de fondo, es que las piernas no responden. Uno manda la señal desde el cerebro pero es como si se perdiera en el dolor de los contínuos calambres que empiezan en los muslos y van bajando hasta los tobillos. Cada paso se convierte en inumerables pinchazos, te cambia el gesto de la cara, ya no sonríes cuando te anima la gente, crees que no podrás dar un paso más y aún así sigues adelante.

Pero es que la última cuesta fue asesina. Estaba en el km.40, a punto de acabar y mi cuerpo dijo basta, se paró. Tuve que caminar durante un par de minutos para recuperar algo de aliento en mis piernas. ¡Cómo puede ser que te pares en el 40! - me decía a mi mismo- ¡Estas a punto de entrar!. Llamé a mi mujer para decirle que estaba muy mal, para que no se asustase al verme por si entraba andando escorado, que era como estaba en ese momento. Y de repente ocurrió algo mágico, ya había oído hablar de ello pero creía que era una frase hecha. Os aseguro que el público que se amontonaba a la entrada del retiro me llevó en volandas a la meta. Qué manera de animar, que entrega, ¡que cojonudos!. Gracias a ello desaparecieron los dolores y los malos rollos, saqué fuerzas no sé de donde y entré como una bala en el Retiro. ¡¡Dios que subidón!!. En mi cabeza escuchaba "running on empty" porque en el ipod no se lo que sonaba.

Nada más entrar oí los gritos de ánimo de una tía mía. No sé ni cómo la vi entre tanta gente. Levanté el puño en señal de victoria y seguí corriendo. Y ahora viene lo mejor. Antes de salir de casa había quedado con mi mujer que me esperaría en la meta con mi hijo y así lo esperaba pero la realidad superó cualquier deseo. De repente empiezo a oir gritos a mi derecha y veo a mi mujer, a mi hijo, a mi cuñada con el suyo, a mi madre y a un par de amigos dando gritos con una pancarta que ponía "PAPA BARBAS CAMPEÓN, TE QUEREMOS" (lo de barbas es una larga historia). Imaginaros mi reacción. Ya se me saltaban las lágrimas un poco antes, pero aquí reventé a llorar y le metí un par de besos a mi hijo, sólo me dio tiempo a eso, no podía parar ahora, tenía que acabar con este dolor cuanto antes. La meta estaba al fondo, en línea recta, así que cerré los ojos (literal), apreté los dientes y pa´alante.


 Este es el momento exacto en el que veo a mi familia y rompo a llorar


Un segundo para dar un beso y a seguir.


En total, 3:42:36h., bajé de las cuatro horas y durante 35km. me sentí el rey del mundo. Ya soy un MARATONIANO, con mayúsculas, pero no uno más, soy diferente, como todos los que acabaron o se atrevieron a intentarlo. Es como si me hubieran hecho un tatuaje que no se irá nunca, que me marca como algo especial. Soy especial. He vencido en la batalla y he recorrido 42,195km. para contarlo.

Fernando con mi hijo, más guapo que nunca

Parte de la tropa que me esperaba en meta

PD. Si me pusiera a daros las gracias a los que me habéis apoyado sería demasiado largo. Simplemente deciros a todos que me habéis ayudado a ser mejor persona, a superar mis retos y a disfrutar aún más de la vida. Gracias de corazón. Y a mi mujer, que fue el cerebro pensante de toda la "operación meta" que no soy nada sin ella y que es la que me da cuerda todos los días cuando creo que no puedo más. Es cursi, si, pero es la verdad.


Gracias a vosotros