lunes, 18 de abril de 2011

DNF

O en su traducción al español "did not finish" (no terminó). Me faltaba esa etiqueta y ya la tengo. Ayer no pudo ser. Parecía que todo indicaba que iba a ser un día de gloria y triunfo. Pues no. Y es que el destino tiene esas cosas y cuando no te quiere en sus filas pues te quedas fuera.
Toda la mañana transcurrió con normalidad y mi concentración era buena. La verdad es que tenía la seguridad de haber entrenado bien y eso me daba bastante tranquilidad.
Pistoletazo de salida y ¡a correr!. Todo marchaba bien, los primeros kilómetros transcurrieron con normalidad, si acaso un poco incómodos por la gente que no acaba de entender el tema de los tiempos. ¡Cómo puede ser que la gente más lenta se coloque casi al lado de los africanos...! en fin. Así que tocaba hacer zigzag, como siempre, hasta el kilómetro 6 más o menos. A partir de ahí cogí un buen ritmo constante y a disfrutar. Pasé por el km. 10 en 48' y eso era una buena señal porque llevaba el ritmo correcto. Pero, a partir de ahí, empecé a sentirme raro, quizá especialmente cansado, como si en vez de 10km. llevara 15. Pensé que era algo momentáneo y seguí a ritmo.
Km. 18 y Puerta del Sol en 1h22', allí estaba mi madre para darme unos geles. Los había probado en los entrenamientos y me habían funcionado bastante bien así que esperaba que al tomarme uno la cosa mejorara y empezara a sentirme mejor. Pues va a ser que no.
La sensación de cansancio general cada vez era mayor y traté de bajar un poco el ritmo y esperar a que ocurriera algún milagro. No era normal estar tan fatigado a estas alturas. Sentía que podía mantener el ritmo pero a un precio muy elevado.
Pasé la media en 1h38' y a partir de ahí una larga cuesta abajo. Reduje mucho el ritmo en ese tramo esperando recuperar al final un poco de fuerzas ya que si no la Avenida de Valladolid se hace muy larga. Incluso se me pasó por la cabeza abandonar en el km.22 porque ya intuía que algo no iba bien. Pero la cabeza se puso a funcionar a tope y tiró de mí durante toda la casa de campo. Concentración y motivación por conseguirlo, eso fue lo que tiró de mí los 10km. siguientes. Al finalizar el recorrido por la Casa de Campo hay una cuesta bastante pronunciada que ya conoceréis los que hayáis corrido el Mapoma, pues bien, ese tramo acabó conmigo. Fue justo después cuando pensé seriamente abandonar. Mi cuerpo había sufrido más de la cuenta y en vez de 34km. parecía que llevaba 50. Y se me plantearon dos opciones, puedo seguir y andar y correr independientemente del tiempo o puedo dejarlo, porque me presenté a esta carrera con un objetivo claro, que era bajar de 3h30' y creo que no iba a a ser posible estando en ese estado. Y ganó la segunda. Mi motivación no estaba en acabar el maratón sino en hacer marca y eso se estaba esfumando. ¿Podría haberlo acabado? si, seguro, pero ¿a qué precio?. No creo que merezca la pena lesionarme o peor aún, desmayarme, por algo que ha perdido su sentido. Como dije anteriormente mi maratón había consistido en cuatro meses y medio de duro entrenamiento y ese lo corrí con ganas. Carreras hay muchas y tiempo también. Esto lo único que hace es motivarme aún más para la siguiente. No sentí tristeza ni frustración, quizá no sepa el por qué ni cuerpo no respondió ayer ni lo sepa nunca, hay mil cosas que pudieron fallar. El hecho es que soy un DNF, bueno, a medias, porque acabar acabé, jejeje.
Como tenía que recoger la bolsa de guardaropa y Eli y Hugo me estaban esperando en la meta quedé con ellos allí y me incorporé a la carrera justo en la entrada al Retiro junto con Hugo. Así pudimos correr juntos esos 350m. y disfrutar como nunca de ese final. Mi hijo estaba encantado y no se paró para nada. Los aplausos de la gente los hacía suyos y eso le hacía correr más rápido. Cruzamos la meta dando saltos de alegría y por supuesto la medalla se la colgué a él, ese si que es un campeón. Estaba feliz y yo con él porque sé que hice lo correcto.
Y ahora, ¿qué?. Pues supongo que estos días me plantearé nuevos retos e intentaré recuperarme lo antes posible. Vienen los 100km., ¿y si?...

martes, 12 de abril de 2011

Un año más, un año menos...


Como dice la canción de Vetusta Morla. Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Todavía recuerdo la decepción del año pasado tras el pinchazo sublime del maratón y lo mal que me sentó aquello. Yo siempre he creído que las cosas, buenas o malas, ocurren por alguna razón y casi siempre se puede sacar algo bueno de todo. El mazazo del año pasado me llevó a replantearme seriamente mi manera de correr, basada en el impulso y la pasión, caótica y desordenada. Y una cosa estaba clara, entrenando de esa manera había tocado techo, no podría avanzar mucho más, y lo peor de todo es que probablemente acabaría con una lesión grave. Así que creo que tomé la decisión correcta, apreté el freno y me forcé a parar durante todo un mes en el que intenté no hacer otra cosa que investigar, estudiar y aprender de los que realmente saben de esto.
De todas maneras yo sé que nado contracorriente, soy un tipo grande y pesado, mover toda esta maquinaria requiere unos músculos muy potentes que desgraciadamente no tengo. El destino no me ha recompensado con un cuerpo delgado y ligero pero me ha hecho muy cabezón, en eso soy de los mejores. Por eso tuve claro desde el principio que lo principal, y no es que yo lo diga, es asentar bien la base, crear unos cimientos sólidos sobre los que construir sin problemas, empezar de cero.
Y eso hice, recopilé una buena tabla de ejercicios específicos para mejorar la carrera, me compré una buena esterilla y unas gomas y me puse manos a la obra. Y puedo asegurar que muchos de los músculos estaban totalmente dormidos porque recordé lo que son las agujetas en los abdominales, brazos y hombros. La tabla es tremenda, de hecho todavía no he podido terminarla entera en una sesión.
A todo esto le sumé otra tabla de ejercicios de técnica de carrera, que en un principio me parecieron un poco absurdos pero a los que tengo que definir como esenciales para los corredores. Es verdad que puede que te miren como a un "tolili" andando de esa manera tras acabar el entrenamiento pero el que ríe el último ríe mejor y son realmente milagrosos.
Y después vino lo peor, la férrea disciplina del plan de entrenamiento. Para mi esto ha sido lo más duro. Encontré uno de Rodrigo Gavela (récord de España en el 93 con 2h10'27'') que se adaptaba perfectamente a mi ritmo de vida y que me mantendría a raya durante 20 semanas. Todo esto para bajar de 3h30' en un maratón. ¿Es una locura?, si, sin ninguna duda, pero bendita locura.
Así que me lancé a ciegas y sin red, haciendo caso a los tiempos y ritmos que me marcaba el plan. Al principio lo miraba y decía: "esto es imposible, no creo que llegue al segundo mes". Pero el segundo mes llegaba y me repetía: " lo bueno viene el mes que viene, ahí sí que reviento". Pero nada de eso pasaba. Es cierto que muchos de los entrenamientos son realmente duros y uno acaba exhausto y sin poder dar un solo paso. Pero el cuerpo y la mente tienen una capacidad increíble de adaptación y no miento cuando digo que tras semanas durísimas venían siempre buenas sensaciones.
Así que pasaron las cuestas, los circuitos oberón, y los ritmos lentos y entré de lleno en las series. Supongo que como todo el mundo siempre le he tenido un poco de miedo a esta parte pero todos estamos de acuerdo en que si quieres correr rápido no hay otra forma de hacerlo que entrenando bien las series.
Y si a alguien se le ocurre preguntarme si es duro... SI, ES MUY DURO. Es un entrenamiento que siempre te pide el cien por cien, de otra manera no sirve. Así que antes de salir sabes que acabarás con la lengua fuera.
Pero poco a poco fueron llegando las competiciones y también los resultados. En estos cuatro meses he conseguido bajar mi marca de 10k en más de 1' (40'41'' dentro de una carrera de 21k.) y la de media maratón en más de 5'. La última fue la Media Maratón de Ciudad Universitaria en la que dejé el crono en 1h28'47'' y aún no me lo creo. Así que puedo afirmar sin ningún género de dudas que el plan ha funcionado.
Es verdad, aún no he corrido el maratón, no sé si podré bajar de 3h30' pero me da igual. En estos cuatro meses he perdido casi 5 kilos, he recorrido más de 1.000km. y he superado con creces los ritmos y las espectativas que marcaba el plan, sólo he faltado a 3 entrenamientos (uno por enfermedad mía y los otros por la de mi hijo) y los he recuperado haciendo el doble de lo que se me pedía a la semana siguiente, el kilometraje semanal ha oscilado entre los 50 y los 76km. con ritmos medios de 5' a 4'30'', he corrido series a 3'40''/km...
Con todo esto estoy convencido de que ya he ganado. No importa lo que pase el domingo, yo ya he corrido mi maratón, el más duro de mi vida, y lo he superado, HE VENCIDO.
El que haya corrido un maratón sabe que para que la carrera te salga bien TODO debe salir bien y que para que te salga mal basta con que ALGO vaya regular. Pues bien, no pienso amargarme pensando en lo que puede fallar ese día, estoy en la mejor forma de mi vida y lo voy a aprovechar, mi sudor me ha costado. Somos lo que somos porque nos lo hemos ganado. Ahora pienso en todas las tardes que me sentaba en la entrada de mi casa, mientras me ponía las zapatillas. Afuera podía estar lloviendo, o bajo cero, o soplar un viento huracanado, NUNCA he dejado que eso me venciera aunque muchas han sido las veces que he sentido el deseo de tirar la toalla, de quedarme en casa, de bajar el ritmo. A veces Eli me decía: "¿pero porque no te quedas y sales mañana?, ¿tú has visto la que está cayendo?", y yo le contestaba: "porque no puedo".
El otro día, hablando con las madres de los compañeros de Hugo me preguntaban sobre lo de correr y les decía: "yo creo que si no me hubiese puesto a correr hubiera acabado en un psiquiátrico". Ahora pienso que podía haber acabado peor, tan muerto como toda esa gente que me cruzo todos los días por la calle. Y es que nunca me he sentido tan vivo ni tan libre como me siento al correr. La vida se ve de otra manera después de ese chute de endorfinas. Es extraño y aunque intento convencer a la gente de que lo pruebe también he aprendido que esa decisión es personal. Nadie te puede obligar, te sale o no te sale. A mí me salió hace tiempo, casi cinco años y es una de las cosas más maravillosas que me podía pasar. Soy un corredor, no hago footing, SOY CORREDOR, estoy orgulloso de serlo y espero no dejar de serlo nunca.
Ahora que sólo me quedan unos días para el maratón empieza la fase de auto-convencimiento, es decir, empezar con las visualizaciones, repetirte día y noche que tú puedes, que lo vas a conseguir. Esta parte es importante, la cabeza consigue llegar donde el cuerpo no puede. Y por eso hoy me viene a la mente esta canción que parece estar hecha para la ocasión. Espero que la disfrutéis, yo ya lo hago.


PD. Muchas gracias a todos los que habéis seguido mis entrenamientos por facebook, a los que me habéis dado apoyo, a los que creéis en mi más que yo ;·)... Eso me ha ayudado a superarme cada día. Si el domingo sale bien la cosa es también gracias a vosotros.

Y por supuesto todas las gracias del mundo a Eli y a Hugo que han tenido que soportar conmigo este ritmo tan duro. No se puede querer más de lo que yo os quiero.

jueves, 17 de febrero de 2011

XXVII Media Maratón de Fuencarral-El Pardo


El momento de la salida.

Hace casi cuatro meses que no participaba en ninguna carrera popular y más de dos que estoy sumergido en la disciplina y el sufrimiento de un plan de entrenamiento para preparar el maratón de Madrid. No sé explicar muy bien lo que me está resultando más duro, si los kilómetros semanales y las cuestas y series que te dejan el cuerpo dolorido o la férrea disciplina que supone seguir un plan como este. De lo único que estoy seguro es de que la cosa funciona. En los años que llevo corriendo de manera caótica y desordenada no había mejorado tanto como en estos dos meses.
Hace dos semanas, en uno de los entrenamientos que debía hacer a ritmo de competición, conseguí batir mi marca personal de 10.000 en casi un minuto, y eso que el entrenamiento era de 14k. Pero tengo que admitir que bajar de 1h30' en la media maratón me daba bastante más miedo que un 10k.
Conseguí hacer coincidir una de las salidas marcadas como "competición en media maratón" con la XXVII Media Maratón de Fuencarral - El Pardo, de la que había oído hablar pero nunca me dio por apuntarme.
El día de la carrera amaneció gris y frío y para colmo no había podido casi dormir la noche anterior. Tenía algunas molestias estomacales pero no les di mucha importancia. Una vez en el polideportivo me di cuenta de que aquella no era una carrera para aficionados, la gente parecía tener buen nivel y eso me asustó aún más. El perfil de la prueba tenía algunas subidas realmente duras como comprobaría minutos más tarde y puede que no sea la mejor carrera para hacer tiempo pero en mi cabeza estaba esa hora y treinta minutos como tiempo máximo y a cabezón no me gana nadie. Así que mi concentración era máxima y tenía claro que al menos iba a hacer todo lo que pudiese para conseguirlo.
La salida fue puntual y tras atravesar algunos tramos con calles estrechas en las que la aglomeración de la gente no te deja coger el ritmo adecuado y vas corriendo con acelerones y frenadas la carrera se normalizó y se formaron pequeños grupos que coincidían en el ritmo.
Fue mi primera experiencia de ese tipo. Nos juntamos un grupo de unos ocho corredores que de una manera casi automática nos íbamos dando relevos mientras pasaban los kilómetros.
Los dos primeros salieron un poco lentos debido a las aglomeraciones (4'20'') pero a partir de ahí y a lo favorable del perfil en esta parte de la carrera fueron cayendo poco a poco a ritmos más rápidos (3'50'').
Pero todo no podía ser color de rosa así que al paso por el kilómetro ocho empecé a sufrir lo que yo llamo "cagalera de carrera", o lo que es lo mismo, unos retortijones lo suficientemente fuertes como para hacerme plantear dejar de correr e irme a mi casa. Pero por otro lado pensaba que estaba llevando un ritmo genial, que me había enganchado a un grupo que lo llevaba constante y que no me apetecía tirar por tierra todo lo que había trabajado hasta entonces. Así que decidí seguir hasta que el cuerpo dijera basta. Yo no soy Rafa Iglesias y no estoy dispuesto a "cagarme" encima por una marca y miraba constantemente los prados del El Pardo que se abrían ante mi y pensaba cuál sería el mejor sitio para "obrar" sin llamar mucho la atención. Poco a poco llegó el kilómetro diez y mi sorpresa es que con todo eso pasaba en 40'40'', ¡a ritmo de 4'04''!. No me podía parar ahora y eso que al pasar al lado de una gasolinera lo tenía como se dice "a huevo". Mientras el cuerpo aguante... que aguante.
Llegamos al kilómetro 12 y al girar una tapia no pude sino exclamar (literalmente) ¡joder!. Menudo cuestón, unos tres kilómetros y medio colina arriba y yo cagándome. Ahí fue donde el grupo empezó a separarse. Yo intenté seguir el ritmo pero casi llegando arriba tuve que caminar un rato porque las piernas no me daban para más. Suerte que fue arriba porque la caminata duró poco más de 30'' y a partir de ahí pude recomponerme en otro descenso.
Ya no sabía ni qué ritmo llevaba ni si iba demasiado lento o rápido, sólo pensaba en llegar.
Pero el paso por el 18 me dio esperanzas, 1h17', si me mantenía así lo podía conseguir. Pero de nuevo, otro mazazo, los tres últimos kilómetros eran cuesta arriba. En ese momento ya no miré ni tiempos ni nada, iba al ritmo que mis piernas y mi corazón me permitían ir y además concentrado en apretar el culo por si acaso. Ya me daba igual la marca y me daba igual todo, sólo quería llegar. Recuerdo con especial dureza el último repecho antes de la llegada al estadio.
Una vez dentro había que dar casi un vuelta a la pista y en ese momento miré el reloj del arco de llegada, marcaba 1h30' exactos pero yo había salido con un poco de retraso con respecto al pistoletazo así que podía ser. Crucé la meta y paré el reloj... 1h29'47'', ¡¡¡toma ya!!!. No me lo podía creer, en esas condiciones y con el perfil tan duro había conseguido mi mejor marca sobre una media maratón homologada. Casi no me tenía en pie, las piernas me temblaban pero me recompuse rápido.
Lo siguiente, como siempre la celebración al llegar a casa y por supuesto la visita al baño continua durante todo el día puesto que lo que parecía una simple cagalera era más bien una gripe instestinal que me ha acompañado con fiebre y dolores durante más de tres días.
En definitiva una buena experiencia y además un aliciente para seguir con el plan que como se puede ver va dando sus frutos.



Un par de momentos de la llegada a casa.

lunes, 15 de noviembre de 2010

XXXIV Media Maratón de Moratalaz

Km. 16. Recuperando el buen ritmo.

Hacía ya algún tiempo que no pasaba por aquí pero es que llevo mucho tiempo sin tener nada que decir respecto a mis progresos como corredor popular. De hecho lo de corredor podía entrecomillarlo porque entre lesiones y comeduras de cabeza he estado más tiempo parado que trotando. La maldita tendinitis del aquiles me tuvo parado todo el mes de julio y he de reconocer que al principio lo pasé mal. Me sentí como un "yonqui", encerrado, alterado y de mal humor. La segunda semana todos esos síntomas fueron desapareciendo y al final me llegué a acostumbrar a quedarme en casa, tranquilo, disfrutando de no hacer nada. Tanto es así que la vuelta me resultó dura, durísima. ¿Cómo se puede perder tanto la forma en un mes?. Fue como empezar de cero, trotando a ritmos lentos, muy lentos, y aún así llegaba a casa reventado.

Y teniendo en cuenta que tenía que empezar desde el principio me plantee hacerlo bien. Estuve varios días investigando, aprendiendo y redactando un plan de entrenamiento como Dios manda, hecho más con la cabeza que con el corazón, en el que priman los ejercicios de fortalecimiento, técnica de carrera, ejercicios de carrera y un buen plan de cuatro meses de duración con sus series, cuestas y tiradas largas (pero no tan largas como las que solía hacer).
Todavía me encuentro en la parte de fortalecimiento muscular y aumento de mi capacidad aeróbica pero ya empiezo a recuperar las buenas sensaciones, tanto en las series como en las tiradas largas.

Y para probar sobre el terreno mi estado de forma nada mejor que una buena media maratón y la de Moratalaz me venía al pelo. Ya la conocía de años antes y me pareció una buena idea hacer un entrenamiento controlando el ritmo sobre una distancia como esa.

Pero como nunca sale todo a pedir de boca, justo la noche anterior empecé a notar un fuerte dolor en la ingle, como si hubiese hecho un sobreesfuerzo del que no me di cuenta. El dolor me impedía casi andar así que lo de correr ni me lo planteaba. De todas formas probé con ibuprofeno, traumeel y masajes y cuanto más calentaba parecía que el dolor desaparecía. Todo fuera que a los dos kilómetros tuviese que parar pero tampoco me preocupaba en exceso.

El día amaneció lluvioso y húmedo pero la temperatura era perfecta. La carrera salió puntual y poco a poco, mientras avanzaba entre la gente, los dolores daban paso a las buenas sensaciones y pude disfrutar de la mayor parte de la carrera sin problemas.

Pasé por el km. 10 en 44 minutos sin hacer grandes esfuerzos y eso que este recorrido tiene algunos desniveles que hacen daño. A aprtir del km. 12 tuve un pequeño bajón pero intenté controlar y mantener el ritmo esperando que pasara. Y así fue. Me enganché con un buen grupo de corredores que llevaban un ritmo muy similar al mío y eso me ayudó bastante a no acelerar en ciertos momentos.

En el paso por el km. 17 me encontraba como nuevo y pude apretar un poco más hasta la meta. Crucé en 1h32'38'' en muy buenas condiciones y con la sensación de haber podido correr mucho más rápido. Así que por un lado me quito la espinita que llevaba clavada desde hace mucho tiempo y por otro me encuentro con fuerzas renovadas para enfrentarme al maratón y conseguir esas 3h30' que tanto tiempo llevo persiguiendo.



Otras instantáneas del km. 16.

Km. 12. Tras el bajón.
La postura rara se debe al choque de manos con mi hijo y mi sobrino.

Km. 19. y a tope.

lunes, 21 de junio de 2010

Y ciento más

Tres fueron tres...

Como cada año... empezaría diciendo el Rey en su discurso navideño. Pues eso, como cada año rellené la inscripción a la ya mítica prueba de Corricolari de los 100km. en 24h. Y tengo que admitir que todo eran dudas ante cómo afrontar el reto, no sabía si iría solo o acompañado, si correr o andar y si mis piernas aguantarían un poco más de esfuerzo este año. Y es que no hay nada mejor que dejar que el tiempo ponga las cosas en su sitio. Al final mis dos hermanos se apuntaron y me dejaron claro desde un principio "que de correr nada". Así que dicho y hecho, este año lo intentaríamos acabar andando, que tampoco es "moco de pavo".

Unos días antes de la prueba me enteré a través de la web de Strands de que Fabian Roncero iba también a participar y gracias a ello tuve la oportunidad de conocerle en persona y además de felicitarle por el libro. Me pareció una persona muy agradable y de paso me quité la espinita de estrechar la mano de uno de los grandes mitos del atletismo.

Mis hermanos con paso decidido y dispuestos a acabar.

El día era perfecto, una temperatura y una brisa muy agradables invitaban a correr. Por suerte mis hermanos se encargaban de atarme bien la correa. Y es que en toda esta historia cada uno tiene su papel. Yo soy como una bomba a punto de explotar, en cuanto salta la chispa ya no hay quien me pare y acabo siendo como el perro que tira del amo y lo lleva a rastras. Mi hermano Jesús se encarga de aportar calma y tranquilidad (a veces demasiada!) lo que ayuda a disfrutar más de la prueba y vivirla desde otra perspectiva. Y por otro lado mi hermano Óscar nos protege a todos y acaba dándonos esa inyección de equilibrio que se necesita durante tantas horas de caminata. Así que formamos un engranaje perfecto. Ya lo dije en otra ocasión, juntos podemos con todo.

Los primeros kilómetros transcurren con normalidad.

La marcha transcurría con normalidad y los kilómetros y las horas pasaban sin ningún incidente especial. Yo intentaba correr, mis hermanos me decían que no... vamos, lo normal. Así que completamos la primera etapa sin más problemas que algunas molestias en los pies. Yo tenía una pequeña ampolla debido a la mala elección del calzado y mi hermano Óscar empezaba a sufrir las consecuencias de tener unos pies muy raros. Y es que da igual lo que haga porque siempre le salen ampollas. No importa las zapatillas que lleve o los parches que se ponga o lo que se eche en los pies, siempre acaban mal. Pero él siempre se lo toma con una sonrisa. La capacidad de sufrimiento de mi hermano es digna de estudio.

En esta parte de la travesía todo el mundo va contento.

En cuanto Jesús estuvo listo (¡!) salimos de nuevo hacia Tres Cantos. El camino es precioso y más si lo acompañas con los atardeceres de Madrid y una temperatura que invita más a tumbarte que a caminar. Y sin darnos cuenta llegamos a punto de caer la noche al kilómetro 52. Y como lo prometido es deuda no podíamos saltarnos esa cerveza y ese pincho de tortilla del que habíamos hablado los días anteriores. Así que ni cortos ni perezosos nos sentamos en una terraza literalmente cubiertos de polvo y sudor y dimos buena cuenta de tan suculentos manjares. Lo mejor de todo es que la terraza estaba en pleno recorrido y los demás participantes que se cruzaban con nosotros nos miraban con una mezcla de sorpresa y envidia sana y nos deseaban buen provecho. De hecho servimos de ejemplo a otros que también se apuntaron a la fiesta.
Lo malo fue ponerse en marcha de nuevo. En ese momento mis hermanos empezaron a flaquear psicológicamente y estuvieron tentados de abandonar. Pero conmigo delante la cosa no iba a ser tan fácil. Un poquito de pensamiento positivo, otro poquito de cojones, se mezclan bien y la fórmula de la motivación está hecha.

Ya en el polideportivo me di cuenta de que la pequeña ampolla se había convertido en una gran ampolla en cada uno de los talones pero ya no había nada más que hacer que aguantar. Porque los parches, en esas circunstancias no funcionan. Y lo de mi hermano Óscar iba creciendo. Ya tenía un meñique pelado aparte de diversas ampollas por el resto del pie. Nada, pensamiento positivo, sólo quedan 48 kilómetros, ya hemos hecho más de la mitad. Encendimos los frontales y adelante, hasta San Sebastián de los Reyes.

Los Alonso tenemos una cosa especial y es que siempre hemos funcionado mejor de noche y como no podía ser de otra forma caminamos más rápido esos 20km. que los anteriores. Ibamos como motos. La noche fue perfecta pero tengo que admitir que los dos últimos km. antes de llegar al polideportivo se me hicieron un poco largos. La verdadera prueba empezaba ahora.
A mi hermano Óscar ya le salía la sangre por la zapatilla y es que uno de los dedos parecía haber estallado. Lo tenía pelado y ensangrentado pero eso no le frenó en absoluto. Mis talones no tenían solución pero es un dolor soportable y todavía me sentía con ganas de correr, eso era una buena señal. Jesús era el más apagado por problemas musculares pero tampoco se planteaba ya abandonar.

Los primeros problemas serios empiezan a aparecer.

Teníamos por delante otros 13km. hasta llegar de nuevo a Tres Cantos. Durante este tramo veríamos amanecer y ya no teníamos ganas de hablar ni de bromear ni de nada. Sólo teníamos en mente llegar, cuanto antes. De hecho los dos últimos kilómetros puse el turbo y corrí a recoger la bolsa en el polideportivo. Las caras ya no son las mismas, parecemos fantasmas con la mirada perdida, con expresión penosa. Óscar prefiere ya no mirar los pies, ¿para qué?. Jesús tiene cargados los abductores, cuádriceps y gemelos y le cuesta mucho seguir.

De todas formas teníamos claro que ya habíamos acabado, la próxima parada era el final. No importa lo que tardemos porque lo hemos conseguido. Daba pena ver a gente que se retiraba en ese punto, con la meta tan cerca a tan sólo 13km.

Tan solo 13km. más...

Nos pusimos en pie a duras penas y caminamos lentamente esperando que el cuerpo se encendiera de nuevo pero parece que el motor no quería ponerse en marcha. Por mucho que la cabeza quiera ir rápido el cuerpo ya no puede acelerar tras 18 horas de caminata. Por suerte los riachuelos que se encuentran diseminados por el recorrido refrescaban los pies y nos daban unos minutos de tregua. Pero duraba poco.

Reconozco que ponerme en marcha fue difícil pero mentalmente me encontraba perfecto y no se me hizo especialmente largo así que me sentí victorioso. Correr durante 100km. es una dura prueba física y mental pero caminar durante 20 horas es una dura prueba mental y así me lo había planteado desde el principio.

A menos de dos kilómetros para el final Jesús nos dice, "yo no puedo correr la última vuelta, me gustaría, pero no puedo". Su cara lo dice todo. En estos momentos es cuando más hay que tirar de ese pensamiento positivo que hemos utilizado durante todo el día. Llegamos al final, se oye el Aleluya de Haendel y de repente desaparecen todos los dolores. Es verdad, no me duele nada. Le doy la cámara a una señora y les digo que sigan ellos que ahora les pillo. Esto me sirve para correr y como un ejercicio de catarsis se me unen mis dos hermanos, corriendo, hasta el final. Hemos terminado, los tres, juntos. Y es algo que ha tardado ocho años en suceder, desde que me presenté por primera vez.


Dos momentos de la llegada a meta.

Nos queda el recuerdo de los buenos momentos, los malos se borrarán pronto. Tendremos ganar de repetir y nuestras mujeres nos dirán que no. Habrá otros retos, más duros o menos, más largos o más cortos, pero no serán como este. Estos 100km. han sido únicos.

Enhorabuena a todos los que se han enfrentado a la prueba, hayan acabado o no, porque el simple hecho de plantearte una cosa así tiene mucho mérito.

jueves, 20 de mayo de 2010

Dos libros muy recomendables


Media vida corriendo - Fabian Roncero

Tengo que admitir que aunque conocía lejanamente la trayectoria de Fabián Roncero no he sido consciente hasta leer este libro de lo que realmente ha supuesto este ATLETA (con mayúsculas) para el deporte español e incluso diría que mundial.

Compré el libro en la Feria del corredor del Mapoma y tenía unas ganas tremendas de leerlo porque todo el mundo habla de el "Fabi" y al final todo esto acaba siendo como una historia que pasa de boca en boca y no sabes lo que es cierto y lo que no. Se ha creado una leyenda alrededor de este personaje de "enfant terrible" merecida casi siempre y debida a la marcada personalidad que señala quien le conoce. Sólo unos datos para hacernos a la idea:

Record de España de 10.000 - 27:14 (1998)
Record de Europa de Media Maratón - 59:52 (2001) *Aún en vigor
Record de España de Maratón - 2:07:23 (1999-2006)

Cualquiera que haya corrido alguna de estas distancias es consciente y seguramente se lleve las manos a la cabeza por lo que esos tiempos significan.

Como dije antes, su marcada personalidad le hizo rodearse de un halo de corredor Quijotesco, un poco loco (como una cabra, vamos) y según todos los que le conocen un excelente amigo que nunca te falla. Capaz de lograr lo imposible, para lo bueno y para lo malo. Un "cachondo" en toda regla. Un atleta mítico.

Y en este mundo tan especial en el que vivimos no se perdona la extravagancia ni el romper las normas, así que también tuvo que sufrir en algunas ocasiones la desilusión de la traición o la confianza perdida (magistral el detalle de la San Silvestre Vallecana 1998).

El libro es divertidísimo y se lee en un día (no es exagerado). Esta plagado de anécdotas y testimonios de quienes le conocen y corrieron con él y sufrieron en sus carnes los ritmos implacables que marcaba el madrileño.

Nadie sabe qué hubiese sido de Fabián Roncero sin sus "Ronceradas", quizá estaríamos hablando del mejor atleta de todos los tiempos o quizá eran esos arrebatos los que le hicieron estar en lo más alto. Desde luego a mí me ha calado hondo este libro y creo que dentro de poco iré a recorrer ese famoso surco que hay en el Parque de Arcentales a probar suerte y ver si se me pega algo de toda esa energía que el "Fabi" ha ido dejando con el paso del tiempo.

Born to run - Christopher McDougall

Este otro libro lo compré en Amazon porque ha sido tremenda la campaña de marketing que rodea a esta historia y tenía mucha curiosidad. Todavía terminado el libro no sé hasta qué punto es real lo que cuenta o no. Todo se basa en un personaje, "Caballo Blanco" y una tribu de "super-atletas" llamados Tarahumara. Según parece el vivir aislados de la civilización, en medio de los peligrosos cañones mejicanos y contar con una genética casi prehistórica les ha convertido en perfectas máquinas de correr largas distancias. Y cuando digo largas digo muuuy largas.

Todo esto cae en manos de un periodista (el autor), un corredor aficionado que sufre lesiones continuas y decide investigar qué hay de cierto en toda esta historia.

El libro pone en jaque a todas las marcas deportivas con informes científicos y estudios de catedráticos, científicos y algún que otro chiflado, y echa por tierra todo lo que creíamos saber sobre nuestra capacidad de correr. Es realmente interesante el capítulo sobre el "Barefoot running" o "correr descalzo" y sus beneficios en el organismo.

También cuenta historias de gente como Zatopek o Bikila, Ann Trason, sobre carreras míticas como la Leadville 100 o la WS100, pero siempre con el telón de fondo de los Tarahumara y nuestra capacidad ancestral y natural de seres corredores.

Todo esto acaba con una carrera, que se sigue organizando todavía en las montañas rocosas de méjico, entre los mejores corredores índios y los mejores, o más extravagantes corredores americanos del momento como Scott Jurek, Jen Shelton, Billy Barnett y "Barefoot" Ted.

La historia te engancha desde el principio y es una mezcla de novela histórica y libro técnico que no me extraña que se haya convertido en Best-seller en América. Lo que me temo que es que esa fama pueda dejar demasiada huella en un pueblo perdido y desconocido hasta ahora que vivía tranquílamente corriendo y tomando cerveza de maíz hasta hoy y que creo que dejará de serlo debido al terrible poder del dinero y las multinacionales. En este caso las ganas de ayudar han hecho más daño que bien.

* Este último sólo se encuentra en inglés de momento pero teniendo en cuenta las ventas no creo que tarden mucho en traducirlo

lunes, 26 de abril de 2010

Los 5k más duros

Corriendo con toda la tropa hacia la meta.


Sé que llevo mucho tiempo sin escribir nada en el blog. Probablemente sea porque hace mucho que no tengo nada relevante que contar. Aparte llevo una larga temporada sin participar en ninguna carrera popular guiado quizá por un sentimiento de apatía y miedo a rebajar marcas y a entrenar una distancia concreta.

Hace tiempo que decidí dejar hablar a mi cuerpo y moverme por sensaciones y me ha funcionado bastante bien. He conseguido sobrevivir a este duro invierno (atléticamente hablando) y no ha sido fácil. Sin embargo tomé la decisión hace unos meses de intentar ser un poco más disciplinado en los entrenamientos. Me explico. Los continuos fracasos del año pasado me hicieron replantearme mi manera de correr. Si solamente se trataba de disfrutar la actividad no era necesario someter cada salida al estricto orden de un plan. Y así lo he hecho durante medio año. Pero al comienzo de 2010 sentí la necesidad de experimentar también el progreso natural a cargo de los consejos de los expertos. Dejar de lado mi característica anarquía y agachar la cabeza ante lo que es evidente y es que hay gente que sabe mucho de esto y que es bueno escuchar a quien a recorrido muchos más kilómetros que yo.
Tímidamente fui introduciendo en mis salidas las famosas series, probando todas las distancias, cuestas, de todos los tipos y colores y me tomé muy en serio los rodajes largos aumentando la distancia a los 30km. en algunos casos.

Tengo que confesar que empecé a cogerle el gusto a todo esto, incluso pude comprobar que mis entrenamientos eran cada vez de mejor calidad y era raro no correr a 4'30'' sin problemas.
Y todo esto ¿por qué?. Pues porque hay un par de citas en el calendario que son de obligado cumplimiento. Una de ellas es el MAPOMA y teniendo en cuenta el "ostión" que me di el año pasado pretendí asimilar esa experiencia para que no volviese a repetirse.

Todo apuntaba a que sería una buena carrera. He trabajado la fuerza y la resistencia. El test del 2x6.000, que suele servir para predecir el tiempo que puedes hacer en el maratón, me dio unos fantásticos resultados que mejoraban incluso mis objetivos.

La mañana del 25 realicé el ritual habitual, madrugón, desayuno, relajación y al coche. Antes de la salida pude conocer a José Carlos "Pepemillas" y a Paco Montoro, que ya era hora. Fue un placer poneros voz, la cara ya la conocía. Espero encontraros en muchas otras ocasiones y si se puede correr un rato juntos.

Poco a poco se acercaba la hora y ya estaba en la salida con mi primo Carlos que pretendía seguir el mismo ritmo que yo. Este año ni paracaidistas ni nada, debe de ser la crisis, sonó el disparo y todos salimos con esa sensación de haberle quitado la correa a un perro.

Sin problema fueron pasando los kilómetros y todo se ajustaba a nuestros ritmos, 5'10'', a veces un poco menos pero lo llevábamos de lujo. De hecho el ir conversando la mitad del camino era un buena señal, no nos faltaba el aliento. Nos permitíamos el lujo de bromear de vez en cuando con el público. Sobre todo la liamos gorda en la Puerta del Sol cuando empezamos a jalear a la gente para que animara y todo el mundo se puso a gritar. Un poco más adelante me esperaban mis padres que me dieron una botella de isotónico que me había ido tan bien en mis tiradas largas.

Iban pasando los kilómetros y todo marchaba bien. Pasada la media (1h46') estaba tan fresco y eso que íbamos por debajo del tiempo previsto. Pasando la Av. de Valladolid sentí que a Carlos le estaba costando seguir ese ritmo, a lo mejor porque ese era el punto que menos le gustaba de todo el recorrido. El mío venía después. Antes de entrar en la Casa de Campo nos encontramos con algún colega, de los que hace marca, que se había retirado porque no bajaba de 170ppm. y había preferido dejarlo lo que me parece una sabia decisión.

La Casa de Campo es mi infierno personal. En los tres maratones que he hecho me ha costado mucho física y psicológicamente cruzar esos caminos y terminar en esa cuesta tan tremenda. Aún así lo peor había pasado estaba en el km.33 y todavía me encontraba bastante entero aunque las piernas empezaban a aflojar el ritmo que cada vez era más lento. Estábamos corriendo a 5'15'' y yo empezaba a adelantarme a mi primo al que había perdido de vista. En estas circunstancias es cuando empieza tu verdadera carrera y no puedes correr la de otros. Pasando por el km.36 empecé a notar que se me iban agarrotando los cuádriceps y decidí caminar un poco por prudencia. Qué error.

Pasó Carlos y me dijo que fuéramos juntos pero como digo a estas alturas cada uno tiene que correr su carrera y no quería ser el lastre de nadie. Cuando parecía que todo estaba bien comencé a correr de nuevo pero... ups, las piernas ya no eran de carne y hueso sino de cartón piedra. El motor se había parado. A partir de ahí todo fue de mal en peor.

Puedo correr con calambres, aunque duela mucho os lo aseguro, pero parecía que todos mis circuitos se habían apagado. Noté que ya no absorbía los líquidos y la sensación de sed era constante. Además sentía que estaba a cero, sin energía, me costaba trabajo incluso mantenerme en pie. Sólo quedaban 5km., eso no es nada, pero en esos momentos me sentía como empezando desde el principio. Nunca se me han hecho tan duros 5km. Os puedo asegurar que el dolor y la impotencia que sentía en esos momentos eran tan grandes que el hecho de que alguien se fijara en mi y me animara me hacía llorar. Sólo me venían a la cabeza las imágenes de todos los entrenamientos, los sufrimientos, las salidas cuando lo que menos te apetece es salir, con nieve, lluvia, viento y a veces todo junto. Todo ese esfuerzo pensado en no pasar por esto y sentir que no ha servido de nada, sentir que defraudas a todos por no haber conseguido lo que prometías, eso es lo peor.

Por fin conseguí entrar en el Retiro, todo esto estaba a punto de acabar. Me encontré con mi tía Paquita, "¡ese es mi sobrino!", decía con orgullo, y a mi se me volvían a saltar las lágrimas porque yo no sentía merecerlo.

Unos metros más adelante se encontraba toda la tropa que me estaba esperando. Y digo "toda". Al momento empecé a oír gritos de ánimo, vítores, y salieron todos a correr conmigo. Mis hermanos, mi sobrina, mi mujer. Así que como comprenderéis volví a llorar. Mis hermanos me decían "¡venga, que ya estamos!" mientras corrían a mi lado y a mí esos 200 metros me parecían un mundo. Eso no tiene precio y sólo por esos segundos mereció la pena correr los restantes 42 km. Vinieron conmigo hasta que la organización los sacó del recorrido. En ese momento cerré los ojos y continué con un pie delante del otro pensando que en cualquier momento me iba a desmayar. Al cruzar la meta me agarró un sanitario que me preguntaba insistentemente si estaba bien pero no podía contestar. Cuando me dijo que si estaba mareado le conteste que no con la cabeza y me ayudó a incorporarme y me dijo que siguiera caminando a la salida. Tenía mucha sed pero no me entraba más líquido. Todo me daba asco. Incluso recoger la bolsa del guardaropa se me hizo eterno. Por fin había terminado todo.
Y esa es mi pena. Las carreras no son para terminarlas así. Las carreras hay que disfrutarlas y ese era mi objetivo en este maratón. ¿Qué salió mal entonces?. Pues todavía no lo sé. Y eso me mata. Todavía no me puedo creer que mi mejor maratón, tanto por la marca como por la manera de vivirlo, sea el primero que corrí, con una preparación "de mierda" y con muy pocos kilómetros en las piernas. En estos momentos estoy hecho un lío. No sé cómo reaccionar, no sé cómo seguir entrenando. A mí me encanta esta distancia y no pienso dejar de correrla incluso cuando los médicos me aconsejan, por mi peso, que no es lo más adecuado. En estos momentos tengo una espina del tamaño de una espada clavada dentro y lo que tengo clarísimo es que me la voy a sacar, no sé cuándo ni cómo pero lo haré.

Tabla de parciales. Todo iba bien hasta el km. 35

martes, 10 de noviembre de 2009

BSS/09


Es verdad que tengo el blog un poco abandonado, ya lo se. Pero últimamente sólo tengo tiempo para echar de vez en cuando una ojeada al facebook y poco más. Hay que aprovechar las rachas de trabajo cuando se presentan y ahora estoy en temporada alta. Lo mismo me pasa con los entrenamientos, tengo poco tiempo para salir así que intento aprovecharlos de la mejor manera posible. Y la verdad es que últimamente me he encontrado muy bien y vuelvo a coger ritmos de 4:30'/km sin problemas, cosa impensable este verano.

Pues bien, esta historia comienza en mayo, fecha en la que se abrieron las inscripciones para la Behobia-San Sebastián 2009. Ya sabía que la cosa era complicada pero no pensé que en dos días se acabarían las 18.000 inscripciones de este año. Os aseguro que estuve casi cuatro horas intentando conectar a través de internet y no había manera. Pero el que la sigue la consigue y al final pude apuntarme, eso sí, sin saber si podría ir cinco meses más tarde. Y por los pelos, porque las cosas han cambiado mucho desde entonces y mi situación laboral también. De hecho dos días antes no sabía si podría ir a correr.

Al cansancio físico provocado por el ajetreo de estás últimas semanas, más la preparación del viaje, que con un niño de dos años no es tarea sencilla, sumándole el cumpleaños de Eli (que acaba de entrar en la cuarentena) que coincidía con el día de la carrera le añadimos las previsiones del tiempo, que no podían ser peores. Alerta roja en todo el litoral cantábrico por vientos y lluvias. Y correr con lluvia, vale. Con frío... bueno. Pero con ese viento... es una locura. Así que mis aspiraciones de marca se diluían y sólo tenía en la cabeza la idea de no sufrir mucho.

La mañana de la carrera amaneció como se preveía. Con rachas de lluvia y viento de esas que acojonan de verdad. De hecho, pude ver como se partían algunos carteles en Behobia y cómo las lonas de los camiones-ropero volaban en todas direcciones. Teniendo en cuenta que teníamos que estar allí al menos una hora antes para dejar las bolsas y con el frío y el temporal que nos caía encima era difícil encontrar algún sitio resguardado que no estuviese lleno de gente. Las gasolineras, las tiendas, galerías comeciales, cualquier sitio era bueno para cobijarse antes de la salida. ¡Qué frío pasé!, y eso que iba bastante abrigado, pero se me había metido en los huesos y no paré de tiritar hasta que empecé a correr.

A las 11:00 en punto se dio la primera salida que está perfectamente organizada por tiempos para que no haya problemas de empujones y cosas por el estilo. Cuatro minutos más tarde salíamos los del dorsal rojo (en mi caso) y nada más empezar a correr empezó a soplar un viento de esos que traen la lluvia horizontal, de la que pica en la cara. Pero esta picaba más de lo normal, ¡coño, como que era granizo!. Totalmente empapado entré en el km.2 dónde me esperaba mi familia y la de mi cuñado, que son de Irún y que por supuesto montaron un buen escándalo a mi paso. Allí me pude desprender del cortavientos que ya no hacía más que molestarme y pesaba como un demonio. Pese a las condiciones adversas me sentía fuerte y cogí el ritmo de 4:30' e intenté no perderlo.

Es difícil cuando se empieza uno a acercar a la subida de Gaintxurizketa que es uno de los puntos fuertes de la carrera. Son dos kilómetros de subida (km.6-8), no excesivamente duros pero sí muy largos que hacen bastante daño en las piernas. A partir de ahí vienen un montón de toboganes de subidas y bajadas y también la parte más bonita de la carrera que atraviesa los montes. En el km.10 me dio un pequeño bajón y pensé que el frío me había calado más de lo que pensaba. Me faltaba el aire y no tenía buenas sensaciones. Bajé un poco el ritmo y aproveché para vaciar la vejiga en los pastos vascuences.

A partir del km.12 empecé a recuperar las buenas sensaciones y parecía que las fuerzas me llegaban renovadas, me sentía como si acabara de empezar y eso que en ese momento empezaba a caer otra buena. En algún momento, al atravesar el Puerto de Pasajes, el viento me zarandeó como si fuera una marioneta, me entraba hasta la risa, cómo se puede correr así.

Km. 14 y en mi reloj 1h 03'. Así que supongo que Chema habrá acabado ya y a mi me quedan todavía 6km. más.

Un poco más adelante ya puede verse la subida a Mirakruz y esta si es una cuesta de las que duelen. No es excesivamente larga (1km.) pero en el km.17 cuando las piernas tiran más por vergüenza que por otra cosa no es muy recomendable apretar mucho. Y como yo soy así de inconsciente empecé a tirar justo ahí. La subida acaba justo en el resturante Arzak y a partir de ese momento... el cielo. Un larga bajada, larguísima diría yo hasta el boulevard en pleno paseo marítimo donde, cómo no, nos volvió a caer una buena y eso sumado al viento que traía olas de 8,5 metros le daba a la carrera un aire épico donde los haya.

Me sentía bien, con fuerzas para poder tirar un poco más y luchar contra ese viento de cara que nos acompañó en bastantes tramos de la carrera. Supongo que los que la hayan corrido en otras ediciones estarán de acuerdo conmigo en que lo que hace a esta carrera especial es su gente. En ningún sitio he visto un apoyo tan tremendo. Daba igual que lloviese o granizase, no había un solo tramo de la carrera sin gente animando sin parar. Es espectacular. Se vuelcan con los corredores y los ves de todas las edades dándote fuerzas y aplaudiendo a nuestro paso. Es realmente GENIAL.

Ya quedaban pocos metros y no me había hecho 500km. en coche para dejarme llevar por el cansancio así que apreté los dientes y acabé en una muy satisfactoria 1h30'39'', sin dolores, ni lesiones, arcadas ni malos rollos.

Para comprobar lo difícil que se puso la climatología, bastan estos datos: de los 18.444 inscritos (2.800 mujeres), sólo tomaron la salida 14.990 (19% de retirados antes de salir) y llegaron a meta 14.918 (2.043 mujeres, el 13,7 %). En la meta no hubo cronómetro ni pancartas de los patrocinadores, y la entrega de premios se trasladó al Casino.
Copiado de www.runners.es

Lo que viene después se sobreentiende: comida espectacular y repito con mayúsculas ESPECTACULAR en la sociedad gastronómica del padre de mi cuñado que nos invitó amablemente a una merluza en salsa verde de muerte y unos chuletones que reaniman a un muerto. Todo ello regado con un espléndido zumo de uva macerado en roble y una tarta casera de chocolate para rematar la jugada.

Resumiendo, la cosa no ha podido salir mejor. Menos mal que pude viajar y correr la BSS porque de no hacerlo me hubiera arrepentido toda la vida.

Rafael Iglesias entrando en meta en 1:01:16

Chema entra segundo en 1:02:46

Una selección de los últimos momentos de la carrera

martes, 25 de agosto de 2009

Manifiesto (II)

Y ahora que la máquina ya se ha encendido supongo que tendremos que acelerar un poco. Como dije en mi anterior entrada este blog trata básicamente de atletismo y de mi experiencia como corredor. En todos estos años pateando calles y caminos, sudando lo indecible y sufriendo alguna que otra lesión sólo he aprendido una cosa: HUMILDAD. Empecé a entenderlo todo el primer día que me enfrenté a una prueba, sin haber hecho más ejercicio que el que se hace en el colegio, y tirado en la arena, sin poder moverme, deshidratado y extasiado, un anciano de unos setenta y tantos pasó a mi lado y me dio ánimos. El iba tan fresco, sobrado de fuerzas y aún así, con sus palabras supe que entendía cómo me sentía. Nunca olvidaré ese momento.


Y ese fue el comienzo de todo. Con todos estos años y entre parones y lesiones me he dado cuenta que son los verdaderos corredores, los veteranos, los que realmente pueden presumir, los que deberían ir con el pecho bien alto... los que menos buscan destacar, los que más te ayudan si lo necesitas, los que arman menos jaleo, en definitiva, los más humildes. Y como siempre digo que la vida es una larga carrera siempre comparo las dos.


Cada vez me encuentro con más gilipollas por la vida. No sé vosotros pero me veo rodeado de incompetencia por todos lados. Y no juzgo a la gente por no saber lo que hace pero sí los condeno por no saber que no saben. Cada día es más difícil encontrar a un buen profesional en cualquier campo y eso que se supone que cada año estamos más preparados en todo. Al principio piensas que te tratan como si fueras idiota porque lo pareces o porque están acostumbrados a ello pero poco a poco te das cuenta de que lo que pasa es que no tienen ni idea. Pongamos por caso las compañías telefónicas. Hace poco cambié de compañía porque empezaron a cobrarme de más y no sabían darme ninguna explicación. Pues ahora no dejan de llamarme para que vuelva ofreciéndome lo que pagaba en un principio. ¿No sería más fácil hacer las cosas bien desde un principio?. Es pura lógica.


Yo tengo claro que no me enfrento a ningún trabajo que no sepa hacer. No valgo para ello. Con eso me he ganado la fama de “no arriesgar”, de “huir de las responsabilidades”... Es probable que eso sea verdad y que a lo mejor todo me hubiese ido mucho mejor de haberme lanzado a la piscina en ciertas ocasiones. Pero nunca lo sabré. Lo único que sé es que si echo la vista atrás veo que lo que hice está bien hecho. No me he aprovechado de nadie, más bien lo contrario, y no he dejado ningún “pufo” en el camino.


Si la gente fuese un poco más humilde y se conociese un poco a sí misma quizá sabría cuáles son sus límites y actuaría en consecuencia. Esto parece una tontería pero cuando se trata de un médico, un arquitécto o un chaval que conduce después de una noche de juerga la cosa puede acabar muy mal.


No sabemos hacerlo todo, no podemos gestionar cualquier situación que surja en nuestras vidas aunque nos creamos muy listos. Hay que pedir ayuda y escuchar. Entre los innumerables beneficios que aporta el deporte, en este caso correr, está el de enfrentarte continuamente a ti mismo, el de verte en un espejo, el de caerte una y otra vez para volverte a levantar con más fuerza y el de aprender de los que te precedieron. Para conseguir la gloria antes hay que descender a los infiernos y romperte en mil pedazos porque mientras te reconstruyes aprendes realmente lo MIERDA que eres y lo bueno que te creías.


Estoy harto de ver mierdas con esmoquin moviendo los hilos de esta sociedad y dando consejos de cómo debemos ser. Somos lo que somos y nada más. Somos humanos e imperfectos. Somos y siempre seremos aprendices. Somos en esencia seres racionales aunque a veces no lo parezcamos. Somos sensibles aunque la sociedad pretenda lo contrario. Somos capaces de hacer maravillas cuando nos lo proponemos aunque eso no suceda a menudo. Somos engreídos, orgullosos, envidiosos y tiranos y debemos luchar contra ello todos los días. En definitiva somos humanos, nada más y por supuesto nada menos.

lunes, 17 de agosto de 2009

Manifiesto (I)

Empezaré diciendo que mi válvula de presión hace ya tiempo que saltó y que mi regulador de soportar mierda ajena ya no da más de sí. Así que pese a que lo que diga o cómo lo diga pueda molestar a alguien creo que YA ESTÁ BIEN.


Tengo claro que vivimos en sociedad, seguramente lo tengo mucho más claro que la mayoría de la gente. Comprendo que para poder beneficiarnos de los servicios que la ciudad nos presta también debemos participar en cuidar, mejorar y evitar causar molestias o daños a nuestros semejantes. Es así de sencillo. La calle, los parques, las carreteras no son de otros, no son del estado ni del ayuntamiento en cuestión, son de todos y cada uno de nosotros.


Lo mismo pasa con el trabajo. Está claro que a mí me pagan por mi trabajo y eso me gusta. Pero yo no trabajo por dinero. Parece una estupidez pero no lo es. Trabajo porque me gusta contribuir con lo que hago para hacer de este mundo un sitio mejor para vivir. El trabajo no es mi medio de vida. MI VIDA es mi medio de vida. Me gusta que alguien me encargue un trabajo y se deje aconsejar, me gusta trabajar en equipo cuando este tiene un fin común, me gusta ver como los proyectos crecen partiendo de una base estable. Me gusta mirar hacia atrás y observar que lo que he hecho está bien hecho.


Todo esto parece una salida de olla pero no lo es. Este es un blog que básicamente cuenta mis progresos y experiencias como corredor. Y como comprenderéis durante las horas de carrera se piensa mucho y en muchas cosas y también se ven otras tantas. Uno tiene tiempo de pensar en la crisis... Jodida crisis. Crisis financiera la llaman, ¡ja!. Es decir, que el lobby de mangantes de los bancos se dedican a jugar con el dinero que la gente deposita en ellos pensando en guardar y ahorrar para un futuro y éstos lo pierden o se lo gastan. Entonces les preguntan dónde está el dinero y estos responden: hemos entrado en crisis. ¡TÓCATE LOS HUEVOS!. Eso en mi casa se llama una cagada integral de toda la vida. Pero lo mejor es que nos ponemos a buscar soluciones y sólo se les ocurre (a los que se han gastado el dinero) despedir a la gente porque en vez de ganar 2 billones de euros sólo vamos a ganar 1,9 billones. Eso sí, siguen cobrando lo mismo o en su caso y para demostrar su compromiso se congelan el sueldo de 300.000 euros anuales netos que tienen por NO SABER HACER SU TRABAJO Y TOCARSE LO COJONES A DOS MANOS. Como se suele decir, la banca gana, siempre, y los demás que sigan jodidos. Porque como dice la canción de Jackson, “they don´t care about us” (ellos no se preocupan por nosotros). Pero lo peor de todo es que esos son los valores que imperan en esta sociedad, “tú salva tu culo y el que venga detrás que arree”. Esos son los mensajes que nos llegan a través de la publicidad, con su demanda de consumo masivo, de la televisión, la prensa... Esos son los valores contra los que día a día tendré que luchar para que mi hijo sea de mayor una buena persona, independientemente de lo que gane o a lo que se dedique. Somos una sociedad de borregos atontados por la televisión y el fútbol. Nos están dando hostias hasta en el carnet y nadie hace nada, ninguno hacemos nada. Y si alguien alza un poco la voz le dan dos duros y a callar, como los sindicatos que parece que se los llevó María Sarmiento, qué casualidad, justo cuando más tenían que decir. A lo mejor es que realmente nunca tuvieron nada que decir.


Tendría que llegar el día en el que hablaran los que callan y callasen los que tanto hablan.

Tendría que llegar el día en el que la gente trabaje por que es bueno trabajar y es mejor aún hacerlo bien.

Tendría que llegar el día en el que todos nos preocupemos más de saber quienes somos antes que querer saber qué hacen los demás.

Tendría que llegar el día en el que los medios de comunicación premien a quien lo merece y hagan así de referente a las generaciones futuras. No quiero que ninguna “Belén Esteban” sea referente de nadie.

Tendría que llegar el día en el que esos HIJOS DE PUTA que tanto llenan su boca con la palabra libertad se cruzaran con alguien que fuese tan libre como ellos.

Tendría que llegar ese día, pero seamos realistas, estamos solos en esto. Nadie va a correr con nosotros, nadie va a dar el salto con nosotros, nadie se va a preocupar de nosotros.




Michael Jackson sería un gilipollas y un montón de cosas más, pero cuando se hace algo bien hay que decirlo y este tema es una pasada. La música es el único legado que tenemos para entendernos a nivel mundial. Aprovechémoslo.

viernes, 19 de junio de 2009

Buscarse a si mismo

Para mi correr ha sido desde el principio una búsqueda constante. Realmente no se muy bien qué buscar y de hecho creo que si lo encontrara dejaría de correr. Es más, pienso que cada corredor tiene su propia búsqueda interior y que vamos recogiendo trozos por los caminos de un mapa imposible de componer. Pero eso no frena la búsqueda. Quizá sea el continuo movimiento el fin de todo esto, como una pescadilla que se muerde la cola. Desde hace miles de años la humanidad se ha visto plagada de símbolos así, de iconos del infinito.

Pero de vez en cuando uno se aparta del camino tentado por los tiempos, por las marcas y por la gloria y pierde el hilo de lo que le hacía sentirse vivo. Todas esas sensaciones llevo arrastrándolas durante mucho tiempo y os aseguro que pesan mucho en la espalda y en las piernas.

El otro día, tras una dura jornada laboral y cansado al final del día, tras acostar a Hugo, mi mujer Eli y yo nos quedamos sentados en el sillón, callados, quietos, con la sensación de que las pilas no dan para más. Pero había algo más, una desazón especial, una inquietud o una insatisfacción de la vida, de lo que nos rodea, del mundo en general, de sentirte incomprendido, de pensar que no estás en tu sitio, que como pieza de un puzzle que eres no terminas de encajar.

Como dije en una entrada anterior, llega un momento en el que las cosas tienen que volver a empezar por el principio y como este blog trata de atletismo ya podéis imaginaros lo que eso supone. Eran las 22:40h. y no quería salir como cada día, por el mismo camino de siempre, con las mismas cuestas de siempre... Así que cogí el agua, el ipod y salí hacia donde fuera, donde sea que llegue estará bien, pensé. Guardados en una maleta quedan los tiempos, parciales y series, SÓLO CORRER, ese es el lema que grabé en mi cabeza. Correr sintiéndome bien, ligero, solitario. Es una gozada.

Todas estas sensaciones se resumían en esta canción de Joshua Radin que escuchaba mientras corría. Por cierto, una pasada de disco "Simple times". Os dejo con "I'd rather be wiht you" y espero que lo disfrutéis tanto como yo. Os deseo buenas carreras.


PD. A los del MAM, a todos, sois todos unos campeones. Suerte.

lunes, 15 de junio de 2009

Tres fueron tres...


Y lo digo con muy buen humor, je, je, je. No son dos los pinchazos esta temporada sino tres. Este año tampoco pudo ser. Los 100km tendrán que esperar otro año. Y la verdad es que mientras escribo esto lo recuerdo y me parto de risa. Empezaré por el principio.

El sábado por la mañana amaneció un día perfecto. Yo había descansado bien y los nervios típicos antes de la carrera me mantenían en guardia. Salí con tiempo para Colmenar porque siempre se forman aglomeraciones y al final siempre empezamos con la lengua fuera. Aparqué donde siempre, organicé mis bártulos y me unté bien el cuerpo de crema solar porque eran las 11h. y el sol ya apretaba con fuerza. Todo estaba bastante bien organizado así que la recogida del dorsal y la bolsa de regalos la hicimos sin problema y nos sobró tiempo para descansar a la sombra. Allí me llevé la sorpresa de conocer a Julián del que únicamente sabía por la red y me dio mucha alegría. Ambos somos fieles discípulos de Karno y esas cosas unen mucho. Pero los tiempos que manejaba Julián eran demasiado para mí porque pretendía terminar en 12 horas y eso son palabras mayores. Así que nos deseamos suerte con la promesa de quedar en otra ocasión para correr un rato.

Allí estábamos mi hermano Óscar con su mujer y dos amigos esperando a que dieran la salida para empezar a sudar. A las doce en punto salimos camino a Manzanares, cuesta arriba y con una temperatura de 32º. Nada más hacer los primeros kilómetros ya sabía que la cosa iba a ser dura. Pasé por el primer avituallamiento sin problemas y llegué al segundo en el km. 12 en bastante buen estado.


Km. 12

De hecho llegué al 3º avituallamiento en el km. 18 en buen estado físico pero con sensaciones raras en el estómago y alguna molestia en un meñique. Hice la parada justa para ponerme un parche y vaciar de tierra las zapatillas y salí "escopetao" hasta el siguiente punto en el km.21.

Todo marchaba más o menos bien pero el calor era insoportable y daba igual lo que bebiera porque a los dos minutos ya tenía sed de nuevo. Y fue a partir de ahí cuando empecé a pasarlo mal, no muy mal pero lo justo para saber que algo no va bien. Tomé un gel, una barrita (imagínate tomarte un polvorón con la garganta seca a 40º) y bebí agua de los bidones que llevaba que en estos momentos era como tomar una sopa caliente. El calor era cada vez peor. Serían las 15h. y notabas calor del suelo, del sol y del aire que te daba de cara. Era imposible correr así. Todo se reducía a correr 5 minutos y andar otros 5. Me cruzaba con gente que se nota que corre un huevo y que no podía casi ni caminar. No vi una sola sombra en todo el camino. El calor acabó cerrándome el estómago y ya no asimilaba los líquidos. De hecho cada botella que engullía me causaba unas ganas tremendas de vomitar. El estómago estaba lleno de agua que no pasaba de ahí. Recuerdo el camino junto a la vía del tren especialmente duro. Llegar a Colmenar de nuevo fue una mezcla de satisfacción y de pesar. Pasar de la tierra al asfalto era como entrar en una sartén hirviendo. Esos dos kilómetros hasta llegar al polideportivo fueron lo más duro de todo el día. Llegué dentro de los plazos que me había propuesto, km. 35,3 en 4:40h. Me encontré con gente que iba muy mal, todos con nauseas y las misma sensación de no poder hidratarse bien. Una vez allí y en ese estado me planteé el seguir o no. Y la decisión fue dura. No es fácil decidir parar cuando uno todavía siente que puede seguir pero la cosa no pintaba bien en ese momento y lo normal es que fuera a peor. Así que tomé la decisión correcta: ME VOY A CASA. Yo vine para disfrutar y eso se había convertido en una lucha contra el calor que se estaba volviendo demasiado dura. Mi cuerpo había trabajado mucho para llegar hasta allí y seguro que me pasaría factura más adelante. Lo mejor es que mi hermano me llamó para decirme que mi cuñada no podía andar más en el km. 24 y que si podría ir a buscarles. El calor le había hecho perder mucho sodio y potasio y los calambres no le permitían ni siquiera caminar. Eso era el destino. Este año no tiene que ser, ya habrá otros.
También me dijo que había visto a Julián bajar en segunda posición. Después me he enterado que no pudo ser pero me has dejado realmente alucinado. Esa carrera juntos tendrá que esperar hasta que me encuentre a un nivel parecido al tuyo :·)

Me fui para casa con la satisfacción de haber tomado la mejor decisión y con la sonrisa en la cara de no poder creerme que pudiese hacer tanto calor. Os juro que era algo inhumano. Probablemente al sol podíamos estar a 42º así que imaginad lo que supone correr durante cuatro horas así.

Al día siguiente por la mañana salí a correr y quitarme un poco el desazón de no haber terminado y pensando que todavía habría gente por los caminos sufriendo lo indecible para llegar al final. Para todos ellos mi más sincera enhorabuena. Cualquiera que haya terminado en estas condiciones es un héroe.